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Elaborado
por Equipo Cuarenta Aniversario
Equipo
Cuarenta Aniversario
La burguesía contraataca
El 29 de mayo, medio millón de manifestantes
ocupan nuevamente las calles de Paris. La
convocatoria es de la CGT, luego del rechazo
a los acuerdos planteados entre la propia
burocracia sindical y el gobierno. Ahora no
sólo se grita contra De Gaulle, crece
la consigna "por un gobierno popular".
La huelga general alcanza su pico máximo.
Ese
mismo día 29 la crisis “por arriba”
toma su forma más extrema. A la mañana
estaba convocada una reunión extraordinaria
del consejo de ministros. Se anuncia su levantamiento.
Se dice que De Gaulle partirá hacia
su residencia en el interior del país,
pero los medios informan que nadie sabía
dónde estaba. Recién al comenzar
la noche, el presidente es localizado en su
casa. El clima es de confusión. En
los mentideros de la burguesía se habla
de vacío de poder. La tensión
aumenta al comenzar el día siguiente.
Se extiende el rumor de que el Presidente
expuso la necesidad de un golpe de Estado
en una cita sigilosa con los jefes del Ejército,
que había concretado en un cuartel
de tropas francesas en la ciudad alemana de
Baden Baden.
En
esa atmósfera de incertidumbre, De
Gaulle habla por radio y televisión
en la tarde del día 30: “He tomado
una decisión – afirma de entrada–
no voy a renunciar y cumpliré con mi
mandato”. El referéndum anunciado seis
días antes queda suspendido porque
no hay “condiciones materiales” para ponerlo
en práctica. La decisión ahora
es otra: se disolverá el parlamento
(la Asamblea Nacional) y se convocará
a nuevas elecciones. Se pretende que la izquierda
se empeñe en garantizar las “condiciones
materiales” para que el pueblo vote; o sea,
terminar con la huelga. Pero también
hay un “plan B”, explicó: “Si esta
situación de fuerza se mantiene, para
mantener la República y de acuerdo
con la Constitución tendré que
tomar medidas distintas a un inmediato voto
popular”.
Operativo
contraataque
La diferencia con el discurso del 24 – cuando
De Gaulle anunció el nonato referendo–
es notoria. El rescate plebiscitario de un
bonapartismo en decadencia da paso a una salida
parlamentaria. A cambio de echar atrás
la huelga, la izquierda podrá hacer
su camino en la “institucionalidad”. El alto
mando militar obligó a De Gaulle a
sacrificar un golpe en beneficio propio. Los
uniformados exigieron la libertad de los jefes
de la derecha militar, encarcelados por atentados
y tentativas de golpe algunos años
atrás, en ocasión de la crisis
generada por la decisión de De Gaulle
de conceder la independencia a Argelia.
El
operativo fue puesto en marcha de manera inmediata:
las fuerzas de “seguridad” tomaron algunas
refinerías paralizadas y se dispuso
normalizar el suministro de combustible; los
medios de comunicación lanzaron una
enorme campaña en favor de la nueva
línea oficial de defensa de la
“democracia”. Como parte de la maniobra, el
gobierno ofrece más concesiones a los
gremios ferroviarios y del transporte. El
mismo 30, por la tarde, se manifiestan en
el centro de París los que apoyan al
gobierno. Al llamado responden centenares
de miles de personas: es la Francia “bien
pensante”, acomodada, pequeño burguesa
y no tan pequeña. “El comunismo no
pasará”, dicen algunas pancartas. Se
canta la Marsellesa y se reclama el apoyo
al régimen. La situación se
repite en algunas ciudades de provincia. Algunos
piquetes de huelga son atacados por fuerzas
policiales o “comités cívicos”.
Son
aún sólo escaramuzas, porque
la huelga general todavía se mantiene
firme por todas partes. El llamado a ganar
las calles de los gaullistas no es enfrentado
por los sindicatos ni por el PC. El jefe del
bloque comunista en la Asamblea Nacional,
ese mismo día 30, dice que “los trabajadores,
seguros de su fuerza, continuarán defendiendo
las reivindicaciones por las cuales están
en huelga... (y) participarán en conjunto,
con más fuerza y confianza, en la campaña
electoral para terminar con el poder gaullista”.
Un poco más tarde, el buró político
del PC señala que el partido “irá
a las elecciones para exponer su programa
de progreso social, de paz y de unión
de todas las fuerzas democráticas”.
La alternativa para la mayor huelga política
de masas de la historia del proletariado europeo,
según el PC, es “dictadura gaullista
o democracia”. Garantizar “las condiciones
materiales” de las elecciones es ahora el
“programa común” no escrito de quienes
se enfrentan violentamente de palabra pero
se afanan en mantener el régimen burgués
en pie.
Zanahoria
y palos
Las direcciones sindicales culminan su tarea.
Se empeñaron en no bajarse del barco
ni abandonar la ola ascendente del movimiento
para renovar siempre su intento de echar la
huelga general atrás. Después
del rechazo a los acuerdos de Grennelle y
con la situación abierta por el nuevo
planteo gaullista, la línea ahora es:
nada de negociación de conjunto, separar
las reivindicaciones por sector, negociar
por rama, región o fábrica y
preparar las condiciones para un “exitoso
retorno al trabajo”, título literal
de una edición del diario del PC de
esos primeros días de junio. En lugar
de centralizar a la clase obrera, atomizarla.
El contraaque oficial estaba en marcha, la
dislocación de la huelga también.
No será una tarea sencilla y no faltará
la represión abierta contra los huelguistas.
El 31 de mayom la prensa francesa (Les Echos)
pintaba el país de esta manera: “Las
huelgas y las ocupaciones de fábricas
prosiguen... salvo algunos casos excepcionales
no hay hasta el momento un retorno importante
al trabajo”. Entonces comenzará el
desarme progresivo y será una mezcla
de zanahoria y palos.
Equipo
Cuarenta Aniversario
Equipo
Cuarenta Aniversario
La
cuestión del poder
Mientras los manifestantes se lanzan a las
calles de París el 24 de mayo, el presidente
De Gaulle, con Francia completamente paralizada,
se dirige por radio y televisión a
todo el país. Reconoce lo que llama
genéricamente la "demanda de cambios"
que se expresa en la huelga general, pero
no se refiere a ninguna reivindicación
concreta. Convoca, en cambio, a renovar el
mandato del gobierno mediante un referéndum.
Suena a burla y a una especie de ultimatum.
Por eso mismo exaspera a todo el mundo. En
las manifestaciones convocadas para ese día
por la CGT y por la Unef, la respuesta al
discurso es inmediata: "Fuera De Gaulle".
El
clima es de extrema tensión: la manifestación
avanza y encuentra una feroz represión
policial. Otra vez las barricadas: los manifestantes
muestran una tenaz combatividad. Como el 10
de febrero, la pelea por la calle es tenaz
y violenta. París, luego de casi quince
días de huelga, está irreconocible;
los edificios públicos se encuentran
en estado de semiabandono. La segunda noche,
las manifestaciones se extienden a otras grandes
ciudades del país. También los
obreros agrícolas se incorporan
a la huelga. Nos encontramos en el punto más
alto de la movilización. La burguesía
se encuentra confundida. Luego del 24 delibera
sobre las alternativas posibles, sin descartar
la eventualidad de una salida militar. Para
ganar tiempo, lanza un llamado a la "negociación".
...¿y ahora?
En
la mañana del 25, se reúnen
en París delegados convocados por la
vanguardia vinculada con el trotskismo
(grupo de Lambert). Bregaban por el frente
único de las organizaciones obreras
y por la constitución de un comité
central nacional de comités de huelga.
Consideran que la situación ha dado
un salto, que hay otra etapa abierta.
En esta "dependencia" del movimiento
de las grandes organizaciones se encuentra
también el talón de Aquiles
de la movilización revolucionaria,
que ingresa en sus días más
efervescentes.
El
stalinismo había hecho lo imposible
por recortar y limitar la huelga, que nunca
había decretado. Con el leit motiv
de "que las bases decidan" había
acompañado la iniciativa de los obreros,
buscando mantenerla bajo control. La
CGT aceptó la formación de comités
de huelga pero en la medida en que se sometieran
a la coordinación del viejo aparato.
Los mantuvo separados unos de otros en todo
lo posible, por fábrica y por región. La
propuesta de un comité nacional
de huelga le sonaba a provocación.
Mientras tanto, la dirección de la
CGT buscaba restringir las ocupaciones a un
acto menor, enviando a los trabajadores a
casa y dejando una suerte de "guardias"
bajo control del aparato.
Los
trotskistas vinculados con la corriente
mandelista, que actuaban en común con
el grupo dirigido por el publicitado Conh
Bendit, pregonaban la formación de
"comités de acción",
pero oponían al planteo de poner
en pie una organización centralizada
de la huelga, la línea de que las empresas
ocupadas se pusieran a producir (una "autogestión"
generalizada). Queda instalada la vieja consigna
de cambiar el mundo sin tomar el poder. La
cúpula de la CGT, naturalmente,
se oponía a cualquier consigna orientada
al derrocamiento del gobierno y se limitaba
a presentar reclamos de orden salarial,
respecto de la jornada de trabajo, a
las condiciones de laborales y al régimen
jubilatorio. Cuando el 25 el gobierno acepta
"negociar", el stalinismo lo presenta
como una victoria.
"Ne
signez pas!"
Durante todo el fin de semana del 25 y 26
de mayo se reúnen las organizaciones
sindicales, las patronales y el gobierno.
Las reuniones dan por resultado los llamados
"Acuerdos de Grenelle": se ofrece
aumentar el salario mínimo, otorgar
aumentos salariales del 7%, reducir la jornada
laboral para ciertos sectores y pagar los
días caídos por la huelga. Se
trata de concesiones reales, que no se explican
sino por el miedo que provoca la huelga general.
Se trata de una pura y simple capitulación
de la burocracia.
El
lunes 27 a la mañana se juega la carta
decisiva: los principales líderes sindicales
deciden ir a la principal fábrica,
la Renault Billancourt. Su objetivo es hacer aprobar
allí los acuerdos. A las 7 de la mañana,
ante una multitudinaria asamblea obrera, los
dirigentes sindicales más importantes
del stalinismo, Georges Séguy y Benoît
Frachon, se dirigen a la multitud, explicando
los acuerdos. La respuesta es unánime:
"ne signez pas! ne signez pas!"
("¡no firmen!"). Lo mismo
sucede en otras grandes plantas, como Citroën,
Berliet, Rhodiaceta, Sud
Aviation.
La huelga general se fortalece: miles de obreros
se reúnen en sus lugares de trabajo,
discuten, denuncian los acuerdos, exigen
que sean rechazados. Una vez más, el
stalinismo comprende que debe acomodarse a
la nueva situación. Unas horas después
de la asamblea en la Renault, la CGT indica
a su comisión negociadora que no firme
el acuerdo de Grenelle.
La
tensión del Mayo Francés llega
entonces a su punto máximo. La burguesía
de la ‘sociedad de la abundancia' considera
imposible satisfacer demandas sociales elementales.
Queda formulada una cuestión de
crisis de poder. Del referéndum planteado
días antes por De Gaulle ya no se habla.
La prensa hace hincapié en la "anarquía
reinante" y en el "vacío
de poder": Pierre Mendès-France,
vieja figura de la burguesía liberal
y ex primer ministro, ensaya presentarse como
la única salida. El secretario general
del PCF, Waldeck Rochet, le pide una reunión
para fijar las condiciones de "un reemplazo
del poder gaullista por un gobierno popular
de unión democrática con la
participación comunista".
Todo
el mundo delibera, la crisis de poder se agudiza:
el 29 de mayo Le Monde sostiene que "no
se ve otra salida más que la renuncia
del jefe de Estado". Le Figaro constata
que "la situación se agrava de
hora a hora", y reclama "la formación
de un gobierno de amplia unión nacional".
El régimen tambalea. El gobierno se
guarda una última carta. El presidente
anuncia que dará un discurso por radio
y televisión el día 30. Mientras
tanto, se reúne sigilosamente en Alemania,
en un cuartel de tropas francesas, con el
alto mando militar: discute la intervención
del ejército. Después de preparar
todos los recursos, el 30 comenzará
la contraofensiva.
Equipo
Cuarenta Aniversario
En
su número de junio de 1968, Política
Obrera (antecesora del Partido Obrero) reprodujo
en su periódico un artículo
de The Economist, importante órgano
de la burguesía inglesa, que caracterizaba
de la siguiente forma el rol jugado por el
Partido Comunista en los acontecimientos que
tenían lugar en Francia.
"Una
revolución moderna ha de coincidir
con una situación revolucionaria y
un partido u organización dispuesto
a tomar el poder. En la Francia paralizada,
la situación tiene visos de revolucionaria,
pero el partido que siempre enarboló
la bandera revolucionaria no da señales
de ir a las barricadas.
"Los
comunistas se han subido al vagón de
los rebeldes, pero lo han hecho para poner
los frenos. No es que el Partido Comunista
francés quiera mantener en el poder
al general De Gaulle y a su régimen,
sino que está usando un arma revolucionaria
-huelga general e ilimitada- para conseguir
un objetivo parlamentario: la formación
de un gobierno de frente popular. (...)
"Después
de las manifestaciones multitudinarias del
lunes anterior, los trabajadores jóvenes
de la fábrica Sud-Aviation de Nantes
se habían apoderado de los talleres.
Pero el movimiento obrerista no alcanzó
ímpetu hasta el 16 de mayo, cuando
quedaron ocupadas las fábricas de automóviles
Renault.
Esta
vez, ya no era el París rojo frente
a las provincias conservadoras. Las huelgas
se extendieron con más rapidez en el
oeste de Francia, en donde el descontento
entre los trabajadores es más pronunciado.
La disparidad no fue geográfica, sino
entre generaciones. En todas partes los trabajadores
jóvenes tomaron la iniciativa y fueron
seguidos por los mayores.
"Una
vez más, los comunistas se vieron desbordados
por los acontecimientos. Pero esta vez reaccionaron
rápidamente. El mayor de los sindicatos
franceses, la CGT, dominada por el Partido
Comunista, se puso inmediatamente en contacto
con el sindicato católico, la CFDT.
Luego envió instrucciones a sus militantes
para que apoyasen el movimiento, incluidas
las ocupaciones de fábricas, pero limitando
las demandas a la tradicional fórmula
de salarios más elevados, menos horas
de trabajo y la abolición de las impopulares
ordenanzas sobre seguridad social. (...)
"Cada
vez que, en estos días, se oye a alguien
en la radio francesa vituperando contra los
'aventureros' puede darse por supuesto que
el destinatario de la crítica es Daniel
Cohn-Bendit o algún otro estudiante
izquierdista. En cambio, ya no es fácil
adivinar el color político del atacante:
puede ser un gaullista o un comunista. Por
otra parte, si alguien habla de revolución,
cambios estructurales o 'sociedad socialista',
puede darse por supuesto que no será
un comunista.
Equipo
Cuarenta Aniversario
Viernes
3 de mayo, alrededor de las cuatro de la tarde.
Importantes contingentes de la policía
rodean la Sorbona. En el interior de la vieja
universidad, alrededor de 400 militantes estudiantiles,
miembros de la UNEF (federación nacional
universitaria) y de diversas organizaciones
políticas acaban de concretar un acto
de protesta contra el cierre de la Facultad
de Nanterre1 y contra las amenazas de expulsión
a siete de sus compañeros -convocados
a "declarar" ante el Consejo de
la Universidad, "imputados" por
los "desórdenes" que obligaron
a aquella clausura. La militancia estudiantil
plantea, además, defender la Sorbona
contra el ataque anunciado del grupo fascista
"Occidente", que había declarado
que procedería a "limpiar"
el Barrio Latino (sede de la universidad)
de los "gusanos bolcheviques". Ante
el pedido formal del rector, la policía
ingresa en la casa de estudios y rodea a los
estudiantes que, en notoria inferioridad de
condiciones, no pueden resistir. La policía
arresta a los principales cuadros del movimiento
estudiantil. Hacia las 19 horas todo parecía
acabado. En realidad, era el comienzo de todo.
Así
se inició el mes que sacudiría
a Francia y al mundo2: en el exterior de la
Sorbona se reúnen entonces en grupos
dispersos, los estudiantes que habían
asistido a la detención de sus dirigentes.
De repente, ante el paso de un vehículo
policial, un estudiante anónimo grita:
"liberen a nuestros compañeros".
El grito es retomado, los jóvenes se
reagrupan, la consigna no cesa: "liberen
a nuestros compañeros". Una manifestación
se organiza y la policía trata de dispersarla,
algunos adoquines vuelan contra la prepotencia
represiva. Rápidamente, los manifestantes
son más de dos mil; a los universitarios
se suman chicos secundarios, jóvenes
trabajadores e incluso transeúntes
del Barrio Latino.
En lo alto de la avenida central -el boulevard
Saint Michel- un camión blindado de
la policía se detiene. Los uniformados
descienden para ayudar a un policía
que había sido aislado de la tropa
por los estudiantes. Ahora, el sonido de la
explosión de bombas lacrimógenas
es continuo y la atmósfera irrespirable.
Una foto en la prensa ilustra mejor que cualquier
otra cosa lo que fue esa manifestación:
los muchachos se ocupaban de levantar una
precaria barricada; bajo el brazo todavía
llevaban... sus libros de estudio. Aun con
refuerzos y con una violencia cada vez mayor,
a la policía no le resulta fácil
quebrar la movilización. No es sino
a las diez y media de la noche que, según
la consagrada fórmula, "el orden
es restablecido". Restan centenares de
heridos, seiscientos detenidos. El rector
de la universidad anuncia que los cursos quedan
suspendidos en la Sorbona.3
Un
nuevo dato queda instalado en el escenario
político: la enorme combatividad de
los estudiantes y la juventud que enfrentaron
con enorme resolución, y organizándose
de improviso, a la represión policial.
La Unef convoca a organizar el repudio a la
represión policial y al cierre de la
Sorbona. En el Congreso de la Unef de Lyon,
en julio de 1967, se había aprobado
una campaña de manifestaciones en todo
el país contra la política educacional
del gobierno y los ataques a las conquistas
de los trabajadores. En marzo del '68, los
militantes del Comité de Enlace de
Estudiantes Revolucionarios (lambertismo)
enfrentaron, en una asamblea general, la línea
de pasividad de la dirección socialdemócrata
y del stalinismo. La Unef reacciona a la represión
del vienes 3 y llama a la población
a participar masivamente en la manifestación
que prepara para el lunes 6 de mayo - al mismo
tiempo que invita a los sindicatos obreros
y de profesores. La gran gesta del '68 estaba
en marcha con la consigna "liberen a
nuestros compañeros".
A
la calle
Los jóvenes se lanzan a la calle desde
muy temprano en la mañana de ese lunes
6. Al mediodía son ya más de
diez mil. En las calles se delibera y se discute.
La organización de los jóvenes
maoístas (UJCML) tenía previsto
un acto para esa hora: llama a concurrir a
los barrios obreros para buscar la solidaridad;
no hay que encerrarse, dicen, en el Barrio
Latino. Se impone de hecho la línea
opuesta y nadie se va: "la Sorbona es
nuestra", cantan los estudiantes movilizados
en las proximidades del edificio cercado por
los uniformados.
Se
forma una columna que parte a recorrer en
manifestación las calles centrales
de la capital francesa y regresa al punto
de partida donde se producen los primeros
enfrentamientos con la policía: es
la primera batalla del día, en la cual
los estudiantes harán retroceder muchas
veces a la policía. A las seis de la
tarde se agrupan ya 30.000 jóvenes
y no sólo universitarios: se suman
los secundarios, algunos jóvenes obreros
y muchachos de los barrios.
El
choque con la policía durará
hasta la medianoche. Se levantan las primeras
barricadas: coches incendiados, adoquines
como arma y como parapeto, cadenas de estudiantes
que abastecen de adoquines a los tiradores
de primera línea... muestran la decisión
de lucha. Entre los estudiantes circulan impresos
con recomendaciones sobre cómo resistir
los gases y métodos para enfrentar
a la policía. La combatividad es enorme.4
El balance de esta jornada: 1150 heridos,
entre los cuales una parte importante corresponde
a los cuerpos represivos (más de trescientos).
La situación ya conmueve a Francia
entera y en diversas provincias se plantean
manifestaciones y enfrentamientos semejantes
a los de París. No es sólo la
continuación de lo acontecido el viernes
3 cuando, por primera vez los estudiantes
toman las calles de la capital. Ahora mantienen
sus posiciones: "ya no es la reacci ón
a las disposiciones represivas de la policía,
es el comienzo de una contraofensiva",
afirma un dirigente del lambertismo.5
Al
día siguiente los estudiantes doblan
la apuesta: la Unef y las organizaciones estudiantiles
proponen volver a la calle. Ahora son entre
50 y 60.000 los estudiantes que se congregan.
De nuevo el objetivo es la Sorbona. El cortejo
en marcha alcanza los primeros piquetes de
policía, mucho más numerosa
que el día anterior. ¿Qué
hacer? La gran masa inicia entonces lo que
será la "larga marcha": treinta
kilómetros recorridos por todo París,
atravesando los barrios populares, cruzando
los puentes del Sena y desembocando en la
más simbólica de las avenidas
burguesas de Francia: los Campos Elíseos.
La Internacional resonará con vigor
en el mundialmente conocido Arco de Triunfo.6
Stalinismo,
impasse
La novedad ahora es que los aparatos sindicales,
en primerísimo lugar la CGT (Confederación
General del Trabajo), dirigida por el stalinismo,
intentan intervenir. Hasta el momento habían
ignorado la movilización estudiantil.
Un famoso artículo del secretario general
del PC, aparecido el mismísimo 3 de
mayo, repudiaba al movimiento estudiantil
iniciado en Nanterre con la excusa de que
con sus "provocaciones" había
llevado al cierre de la Universidad, dirigido
por "falsos revolucionarios que hay que
desenmascarar ya que, objetivamente, están
sirviendo a los intereses del poder gaullista
y de los grandes monopolios capitalistas".7
Pero el PC se reorienta y pasa a denunciar
la represión y a proclamar la solidaridad
con los estudiantes movilizados. Sin embargo,
su propósito de buscar una brecha para
encaramarse sobre la ascendente movilización,
en la tentativa de quebrarla desde adentro,
fracasará.
El 8 de mayo, por convocatoria de la Unef,
se reúnen en un acto común dirigentes
de la CGT y otras organizaciones sindicales.
La proclamada solidaridad es nada más
que de palabra, no compromete ninguna acción
concreta. En la manifestación que sigue
al acto, el aparato de "seguridad"
del PC asume el control y se interpone entre
los estudiantes y la policía a fin
de evitar cualquier incidente. Los diarios
del día siguiente destacarán
el hecho: el PC se presenta ante el poder
como un factor de control para negociar una
salida, marginando a la vanguardia estudiantil
radicalizada. El gobierno aprovecha para anunciar
que la Sorbona no se reabrirá hasta
que cese la agitación estudiantil.
El
movimiento parece ingresar en una impasse.
El 9 de mayo es un día sin grandes
acontecimientos. Todo el activismo discute
cómo seguir, mientras no cede el cerrojo
de los represores sobre la Sorbona. En un
acto convocado ese día por la JCR,
trotskistas "mandelistas",8 el líder
"anarquista" más reconocido,
Daniel Cohn Bendit, llama a mantener la presión
con las movilizaciones callejeras. Bendit,
desde el principio, había repudiado
cualquier tentativa de acción común
con las organizaciones sindicales. Los trotskistas
"lambertistas" que acaban de fundar
la Federación de Estudiantes Revolucionarios
(FER) critican el planteo y lanzan la consigna
de 500.000 trabajadores y estudiantes en el
Barrio Latino, por un frente de las organizaciones
obreras y estudiantiles para derrotar a la
represión.
La
noche de las barricadas
El 10 de mayo es el punto culminante de la
primera fase del Mayo Francés. Es la
noche de las barricadas, cuando la heroica
resistencia de los estudiantes que toman el
Barrio Latino se transforma en el punto de
partida de una nueva etapa de la movilización,
que involucrará al proletariado francés
en su conjunto. Desde la tarde, los estudiantes
vuelven a concentrarse. Otra vez, comienzan
a marchar decenas de miles. La novedad es
la enorme masa de secundarios que se integra
en la multitud. La policía bloquea
a los manifestantes el cruce de los puentes
hacia el centro de la ciudad y custodia la
Sorbona. Otra vez, ¿qué hacer?
"La policía no ataca. La indecisión
reinante en la manifestación se convierte
de golpe en una decisión concreta:
si no se puede retomar la Sorbona, se ocupará
el Barrio Latino; si la policía rodea
a la Sorbona, la manifestación rodeará
a la policía".9 Los estudiantes
se lanzan a la ocupación general del
Barrio Latino y son más de 30.000 los
que en la noche organizan barricadas y se
pertrechan en las calles.
La
FER concluye a medianoche un acto convocado
días antes: hacia las doce de la noche
y, marchando con 1.500 compañeros,
se dirige al Barrio Latino. Es para expresar
que consideran una aventura la ocupación.
Llevan una gran pancarta que insiste: la tarea
es militar por reunir medio millón
de manifestantes en el Barrio Latino, para
que quebrar así el operativo represivo.
Transformarán este planteo en un ultimátum
y acaban por replegarse. Luego de llamar a
no confundir a las organizaciones sindicales
con sus aparatos dirigentes, planteando la
acción común de trabajadores
y estudiantes, confunden el impulso masivo
de la juventud radicalizada con la falta de
perspectiva y la política aventurera
de los líderes estudiantiles más
reconocidos. Se retiran del Barrio Latino
cuando la gran batalla está por comenzar
y el Mayo Francés ingresa en una nueva
etapa.
"A
las 2:15 de la madrugada, un cohete luminoso
da la señal de ataque y la masa de
policías concentrados se lanzan a la
conquista de las barricadas. Cascos, escudos,
fusiles, porras, granadas lacrimógenas,
una masa azul y negra que desencadena su brutalidad...
La virulencia del ataque no tiene punto de
comparación en la historia de la Francia
contemporánea. Pero la resistencia
es muy superior a la esperada. Cada barricada
va a representar un auténtico combate.
Varias veces van a intentar ocuparlas y varias
veces van a ser rechazados... Los heridos
van a abundar por ambas partes. Incendios
de automóviles, gases y bombas de humo,
ulular de sirenas, ambulancias, detenidos,
aporreados hasta la inconsciencia, la furia
desencadenada de la represión... El
asalto a una barricada en la que ondea una
bandera con el lema: ‘Viva la Comuna del 10
de mayo' reaviva la memoria adormecida, el
recuerdo de otras jornadas gloriosas. La solidaridad
popular no se hace esperar. Desde esa misma
noche, desde las ventanas de los edificios
colindantes a las barricadas los vecinos lanzan
todo tipo de proyectiles contra la policía,
elementos de protección para los manifestantes
y dan refugio a los que buscan cobijo... A
las seis de la mañana, tras cerca de
cuatro horas de combate, los estudiantes se
repliegan. La masa azul y negra se ensaña
con los últimos rezagados y toma posesión
de las barricadas... Efímero y triste
triunfo, inútil triunfo que tan sólo
durará unas horas más. La crisis
política que las barricadas han producido
va a obligar al Gobierno a retroceder".10
Equipo
Cuarenta Aniversario
1.
Ver nota anterior "Abril, de Nanterre
a París", en Prensa Obrera Nº
1.033, 17/4/08.
2. El relato de la movilización del
3 de mayo es de Francois De Massot en La Greve
General (mai/jun, 1968), Ed. Informations
Ouvrieres, París, 1969.
3. La descripción sigue la narración
de F. De Massot, op. cit.
4. La narración de esta jornada es
de Vidal Villa, José María:
Mayo 1968, Ed. Bruguera, Madrid, 1978.
5. De Massot, op cit.,
6. Ver Vidal Villa, op cit.
7. George Marchais en L'Humanité, 3
de mayo 1968.
8. Por el nombre de su dirigente más
conocido, Ernst Mandel.
9. Vidal Villa, op. cit.
10. Idem.
Equipo
Cuarenta Aniversario
En las vísperas
La ocupación de las instalaciones
de la Universidad de Nanterre, el 22
de marzo de 1968, fue el punto de partida
inmediato del Mayo francés.1
En abril, la movilización crecería
sistemáticamente y acabaría
por desbordar los estrechos límites
del suburbio parisino para convertirse
en mayo en un levantamiento de la clase
obrera y la juventud.
Nanterre
era la "punta del iceberg".
En numerosas ciudades de Francia, a
lo largo de todo el año 1967,
el movimiento estudiantil se había
manifestado contra los planes limitacionistas
del gobierno para la enseñanza
superior. En enero de 1968, una movilización
en Caen había reunido a miles
de jóvenes estudiantes y obreros,
en defensa de numerosos conflictos por
condiciones de trabajo2. Para el 29
de marzo se convocó en Nanterre
una nueva "toma" para discutir
los siguientes temas: el capitalismo
en el ‘68 y las luchas obreras; la universidad
y universidad crítica; la lucha
antiimperialista, los países
del Este y las luchas obreras y estudiantiles
en ellos. "Lo significativo, lo
subversivo, era tanto la temática
como el método de acción:
discusión en pequeños
grupos, asambleas generales, boicot
a los exámenes parciales y a
las clases magistrales. La ocupación
de locales, la negación de la
autoridad, era algo que la dirección
académica de Nanterre no podía
permitir. El decano, alegando que ‘un
grupo de estudiantes irresponsables
desde hace unos días perturban
los cursos y los exámenes y practican
métodos guerrilleros en la Facultad',
decide cerrarla hasta nuevo aviso"3.
Entre
el 22 y el 29 de marzo se fueron sumando
numerosos estudiantes a los ciento cuarenta
y dos firmantes que protagonizaron la
primera ocupación. Toda la Facultad
estaba implicada, a favor o en contra.
Los muros comienzan a hablar: "Profesores,
sois viejos, vuestra cultura también";
"El fascismo al basurero de la
historia"; "Dejadnos vivir".
Panfletos, discusiones, carteles...
toda la Facultad en ebullición.
Algo nuevo había pasado: "esos
estudiantes, que no se adscriben a ninguna
organización política
conocida, constituyen un elemento explosivo
en un medio muy sensible", afirma
Le Monde del 30 de marzo. El cierre
de la Facultad no impide la celebración
del mitin previsto. Su organización
es superior a todas las conocidas hasta
entonces. Ante la amenaza del grupo
fascista "Occident" de atacar
la Facultad, se establece un servicio
de orden estudiantil de quinientos militantes.
El 29 se celebra la asamblea y los días
1 y 2 de abril son jornadas de discusión
generalizada en la Facultad. Los "ciento
cuarenta y dos" que lanzaron la
ocupación 22 de marzo eran ya
mil doscientos en el mitin del 2 de
abril. Para alivio de las autoridades
académicas, las vacaciones de
Semana Santa introdujeron un aparente
paréntesis en la agitación
estudiantil.Pero con la reapertura de
las facultades, el 18 de abril, el movimiento
retoma toda su fuerza. Cuando el 13
de abril se conoce que el líder
de los combativos estudiantes alemanes,
Rudy Dutchske, había sufrido
un atentado en Berlín, diversas
organizaciones políticas y el
Movimiento 22 de Marzo llaman a una
manifestación de protesta. Unos
cinco mil estudiantes siguen la consigna
y se produce una manifestación
combativa por el centro de Paris, en
dirección a la Embajada alemana.
El Gobierno, que hasta entonces no había
enviado a la policía contra las
manifestaciones estudiantiles, ordena
cargar. Es el primer choque. La policía
podía ser resistida. Poco a poco,
esta idea iría recorriendo su
camino entre numerosos estudiantes.
El ejemplo de la solidaridad con Rudy
consolidaría una nueva actitud
ante el poder: resistencia y, si es
preciso, ataque. Ni las vacaciones,
ni la policía, ni el cierre de
facultades habían logrado frenar
un movimiento estudiantil de tipo nuevo
que, desde Nanterre, se iba extendiendo
al resto de la Universidad parisina
y otros lugares de Francia4.
Una
suerte de doble poder estudiantil dominó
la deliberación colectiva en
Nanterre. El 25 de abril, la juventud
del PC -que reclamaba la normalización
de las actividades y criticaba a los
grupos "ultraizquierdistas"-convoca
a un acto para que hable Pierre Juquin,
ex profesor y diputado del PC: "no
pudo pronunciar ni una palabra y tuvo
que escapar por una salida de emergencia",
luego de que la sala en la cual se encontraba
fuera invadida por activistas y organizaciones
estudiantiles maoístas y trotskistas5.
Era la primera vez que el stalinismo
era puesto a la fuga.
El
cuerpo de profesores se dividió
entre quienes reclamaban al rector la
intervención policial, una minoría
que apoyaba a los estudiantes y los
elementos vacilantes que pretendían
algunas concesiones mínimas para
retomar la normalidad de los cursos.
Pero las autoridades académicas
deciden pasar a la ofensiva: anuncian
que ocho estudiantes de Nanterre deben
ser juzgados por el ‘Consejo de la Universidad',
con la intención de expulsarlos.
Se fija la fecha: 6 de mayo de 1968.
Pero antes, el 2 de mayo, los estudiantes
habían convocado a una "jornada
antiimperialista" y organizan la
seguridad, colocando las instalaciones
bajo su propio control. A las 8 de la
noche, el rector de Nanterre anuncia
que la universidad cierra hasta nuevo
aviso. Nanterre es un hervidero de estudiantes,
se discuten nuevas iniciativas y se
crean comisiones para organizar la solidaridad
con Nanterre: "su primer objetivo,
los obreros inmigrados que habitan en
los suburbios próximos a la universidad.
El movimiento empieza a salir de su
cascarón. La lucha en la Facultad
empieza a ganar la calle. Hay que trasladarla
a Paris. Unánimemente se convoca
un mitin de protesta contra el cierre
de Nanterre, en la Sorbona, en pleno
Barrio Latino, a las doce horas del
día siguiente: el 3 de mayo..."6.
Allí
comenzará entonces otra historia.
1.
Revista La Verité, Nº 543,
Paris, abril 1969.
2. Ver "Así arrancó..."
en Prensa Obrera Nº 1030, 27/3/2008
3. José Vidal Villa; Mayo 1968,
Ed. Bruguera, Madrid, 1978.
4. Idem anterior.
5. Crouzet, Francois, "A University
Besieged: Nanterre 1967 -1969",
Political Science Quarterly, vol 84,
Nº 2 junio 1969.
6. José Vidal Villa, Op. cit.
José
Vidal Villa; "Mayo 1968",
Ed. Bruguera, Madrid, 1978
Según
un cronista de la época
"Fruto de la crisis del PCF, reflejo
de la desestalinización y de
la inoperancia revolucionaria de los
diversos partidos comunistas occidentales,
los núcleos trotskistas minoritarios
que habían mantenido viva la
IV Internacional (...) van a ver revitalizadas
sus correspondientes secciones con la
afluencia masiva de jóvenes estudiantes,
con un grado de combatividad elevado
y una disposición a la acción
muy superior a la de sus homólogos
‘comunistas' ortodoxos.
Así,
en 1961 aparece el Comité de
Enlace de los Estudiantes Revolucionarios
(CLER, por su sigla en francés),
organización trotskista de la
rama lambertista, ligada a la Organisation
Communiste Internationaliste (OCI),
sección adulta de este grupo.
El CLER, tras una vida relativamente
modesta, alcanza un amplio desarrollo
en 1967/68, llegando a poseer en dicho
año cerca de 11.000 militantes.
En abril de 1968, el CLER se transforma
en Federación de Estudiantes
Revolucionarios (FER) y con tales siglas
intervendrá en los sucesos de
mayo. A través de su órgano
de prensa, Revoltes, los militantes
del CLER se esfuerzan por realizar movilizaciones
centrales de la juventud, desarrollar
la lucha reivindicativa estudiantil
y criticar la traición de los
dirigentes y burócratas del PCF.
En política internacional critican
tanto a chinos como a soviéticos
-por estalinistas- así como a
los tercermundistas (el ‘Che' Guevara
o el FNL de Vietnam son pequeñoburgueses).
Su punto de referencia principal es
el Programa de Transición de
Trotsky y su centro privilegiado de
actuación la Union Nationale
des Etudiants de France (UNEF), el sindicato
estudiantil.
"Con
mayor vitalidad que el CLER y con una
política marcadamente antiimperialista,
la Jeunesse Communiste Revolutionnaire
(JCR, Juventud Comunista Revolucionaria),
surgida de una escisión en la
Union des Etudiants Communistes (UEC,
Unión de Estudiantes Comunistas)
del PCF en 1966, y encabezada por Alain
Krivine, Issy Joshua, Henri Weber y
Daniel Bensaid, se entronca con otra
ala del trotskismo -Frank y el Parti
Communiste Internationaliste (PCI, Partido
Comunista Internacionalista)- y tienen
entre sus apoyos principales a la figura
del comunista revolucionario belga Ernest
Mandel. La JCR anima la lucha antiimperialista
a través de la acción
de los Comites Vietnam National y ha
logrado dar una imagen nueva a las movilizaciones
estudiantiles, pasando del enfrentamiento
verbal con la burguesía y las
burocracias, a la acción directa
y la puesta en práctica de nuevos
métodos de lucha.
En
el terreno internacional, la JCR apoya
sin vacilar la lucha de los pueblos
por su liberación y critica la
burocratización de los regímenes
tanto chino como soviético. Asimismo,
toma parte en la conferencia de Bruselas,
el 11 y 12 de marzo de 1967, donde se
reúnen organizaciones revolucionarias
de todo el mundo, tales como el SDS
alemán, el colectivo Falce-Martello
italiano, la Jeune Garde Socialiste
belga y otras, entre ellas los Etudiants
Socialistes Unifies (ESU), sección
estudiantil del PSU francés,
que también participará
activamente en las jornadas de mayo
(...) Será una de las organizaciones
básicas en las jornadas de mayo.
Su órgano de prensa es Avantgarde
Jeunesse".
Octavio
Villarreal
Sin
lugar a dudas, uno de los momentos coyunturales
en la historia, no solo de la izquierda
sino de todo el país, es el Movimiento
Estudiantil del 68. Nacido por la represión
a dos grupos de estudiantes de enseñanza
media, fue tomando poco a poco un carácter
más social y político,
donde las movilizaciones comenzaron
y se acrecentaron, al igual que los
medios represivos del estado.
Se
creó el Consejo Nacional de Huelga
(CNH), que dio lugar a una mayor organización
y a la creación de demandas concretas
pero diversas como la disolución
del cuerpo de granaderos, libertad a
los presos políticos, destitución
de los líderes policíacos,
la indemnización a las víctimas
de la represión gubernamental,
negativa al aumento de tarifas en servicios
básicos y la eliminación
de las cláusulas represivas en
el Código Penal. Fue un movimiento
que se opuso a la intervención
de cualquier partido político
inherente al estado. El movimiento fue
cruelmente reprimido el 2 de octubre
de 1968 en la plaza de las 3 culturas
en Tlatelolco, debido a que se llegó
a un punto en el que las movilizaciones
representaban una amenaza para las altas
esferas del poder y con ello, sin el
discurso y si con hechos, dejaba al
descubierto el agotamiento del sistema
político mexicano, de partido
único, del corporativismo sindical,
del presidencialismo, que sin capacidad
de renovación, se había
alejado del discurso ideológico
de la revolución mexicana.
El
escenario descrito anteriormente, pone
al descubierto que el interés
político estaba por encima del
interés público, en lo
que Roger Chartier1 ha calificado como
la representación dominante del
poder, ya que hay acciones que originan
tensiones diversas en las relaciones
existentes entre el marco jurídico
normativo frente a las actitudes y/o
necesidades sociales generadas entre
la población con respecto a la
autoridad gubernamental, permitiendo
prácticas diversas ante la infracción
de la legislación penal vigente,
determinando “representaciones dominantes”
con significados distintos, encaminadas
en este caso, a paliar los efectos de
un estado político frágil
y sin rumbo, pero con la necesidad de
mantener el control político
del territorio por encima de la miseria
y el caos social.
¿Qué
nos dice esto?, en primera que los mecanismos
de control del estado se encontraban
ante una situación crítica
ya que no podían hacer uso de
las antiguas prácticas del PRI
y su sistema utópico del poder,
debido a que no se podía cooptar
a los estudiantes en el corporativismo
del partido hegemónico, ni podían
ser controlados por medio de “placebos”
políticos, tales como curules
en las cámaras o registro de
partido, gracias a que se mantuvo en
mayor medida alejado de los partidos
políticos burgueses. Sin embargo,
al agotarse los medios de control indirectos
se tuvo que hacer uso de la represión
policiaca y militar (de las cuales en
esos tiempos ni ahora se puede hacer
una distinción).
A
cuatro décadas del 68, se puede
hacer un análisis de la situación
del movimiento estudiantil hoy en día
en comparativa con el 68. Nos encontramos
en un momento en el que el gobierno
se encuentra extremadamente debilitado,
sin capacidad de legitimarse y cuyas
políticas económicas han
llevado al estado mexicano a una situación
de crisis. Ahora se ha lanzado al ejército
a las calles militarizando de una manera
cínica y grotesca el país,
bajo el pretexto de una falsa lucha
contra el narcotráfico, donde
en realidad el gobierno solo sirve de
mediador entre los cárteles de
la droga. Los medios, comienzan a transformar
a los universitarios conscientes en
guerrilleros, narcotraficantes y secuestradores,
por el simple hecho de analizar y criticar
un sistema que nos ha conducido a la
polarización de la riqueza; pretenden
que renunciemos a nuestra “naturaleza
universitaria” robando nuestro derecho
a pensar, criminalizando y asesinando
a la juventud. Estamos frente a una
situación similar a la de 1968,
con la diferencia de que en esos momentos
ser universitario representaba para
todo estudiante ser crítico de
la sociedad y su entorno; ahora vemos
que los agentes del poder se encuentran
entre los mismos universitarios limitando
los medios de expresión y diversificación
del conocimiento. No queremos salir
a las calles y ser recibidos con balas
en el pecho, no queremos ver apilados
miles de cadáveres jóvenes
en las plazas públicas, no queremos
ser desaparecidos, torturados y humillados
durante meses en las cárceles
llenas de asesinos; queremos un país
diferente con una verdadera igualdad
de oportunidades en educación,
empleo, salud, alimentación y
todas las garantías que por el
simple hecho de ser seres humanos tenemos.
Debemos
aprender del 68 y generar alternativas
para poder responder a los medios de
represión, integrando el Movimiento
Estudiantil a todas las luchas en contra
del sistema que se están gestando
en el país, creando un frente
único que abogue por un nuevo
proyecto de nación a partir de
las demandas de los sectores más
perjudicados de la sociedad, siendo
estos los únicos que pueden llevar
a buen cauce el destino del país.
Al
igual que en 1968, no somos idealistas
que persiguen un sueño, somos
estudiantes conscientes que luchamos
por una realidad.
1.
Chartier,
Roger, El mundo como representación.
Historia cultural: entre práctica
y representación, Gedisa, Barcelona,
España, 1999, p. 165.
"Se
trata de saber si la herencia de mayo del
‘68 debe ser perpetuada o si debe ser liquidada
de una vez por todas... quiero pasar la página
de mayo del ‘68". La afirmación
corre por cuenta del derechista Nilolás
Sarkozy durante la campaña electoral
francesa del año pasado. No está
mal como caracterización, en momentos
en que cumplimos el 40 aniversario de la revuelta
de los obreros y estudiantes que colocó
entonces al gobierno francés, liderado
por el general De Gaulle, al filo del abismo.
La
rebelión "globalizada" 1968
debutó con lo que se conoce como la
"ofensiva del Tet", que arrinconó
en Vietnam a las tropas invasoras yanquis,
asestándoles un golpe decisivo a pesar
de su enorme costo en vidas y del fracaso
de sus objetivos inmediatos. El impacto fue
enorme en el mundo entero pero particularmente
en Estados Unidos, donde el movimiento contra
la guerra crecía sin cesar. En abril,
una masacre contra mujeres y niños
en la aldea de My Lai provocó una conmoción
planetaria. El Tío Sam fue colocado
a la defensiva, el presidente Johnson tuvo
que renunciar a su segundo mandato. El régimen
político yanqui se sacudió ese
mismo año con dos "magnicidios":
el de Martin Luther King en abril y el de
Robert Kennedy algunos meses más tarde.
En
agosto, el centro de los acontecimientos se
desplazó de nuevo y violentamente hacia
Europa, esta vez al Este. Cinco mil tanques
rusos y 200.000 soldados invadían Checoslovaquia
para aplastar la llamada "primavera de
Praga", un hito clave en las rebeliones
que desde hacía más de una década
sacudían el territorio dominado por
el stalinismo y sus gobiernos títere
en Europa Oriental. El proletariado y la juventud
de los Estados no capitalistas ocupaban así
también un primer plano en la lucha
contra el dominio de los usurpadores que decían
gobernar en su nombre. Cuando el año
de las grandes conmociones se acercaba a su
fin, la policía y el ejército
mexicano reprimieron a sangre y fuego una
concentración estudiantil, asesinando
a decenas de compañeros en lo que se
conoce como la masacre de Tlatelolco.
Vietnam,
el mayo francés, Praga y Tlatelolco
son los hitos más destacados pero no
los únicos de ese 1968 que también
"conmovió al mundo". En las
fronteras argentinas el proletariado uruguayo
se levantaba contra el gobierno creando una
situación revolucionaria. En Bolivia,
se desarrollaba la guerrilla de Inti Peredo
contra la agónica dictadura del general
Barrientos. En Brasil, el estudiantado se
levantaba contra su propia dictadura ocupando
las calles de San Pablo; en Argentina, debutaban
las huelgas que culminarían en el Cordobazo;
en El Salvador una huelga general de maestros
hacía temblar el país. En Italia,
en España, en Inglaterra, en Alemania,
en Polonia, en Japón... la revuelta
de los estudiantes, las huelgas y la radicalización
política trazaban su propio camino.
En China, se llegaba al punto más alto
de la "revolución cultural".
Como se ve, el '68 no fue un "happening"
contra la "sociedad de consumo".
Su
significado
Las huelgas, las calles y las plazas, los
obreros, los estudiantes y la juventud, la
guerra de los pueblos oprimidos y las manifestaciones
populares en los territorios más distantes
se reconocen en el escenario común
de una quiebra de los equilibrios políticos
y económicos armados al finalizar la
Segunda Guerra Mundial. Por primera vez aparecían
en primer plano las masas explotadas en una
revuelta "global". Sacudió
los pilares del orden trazado a mediados de
los años '40 por los acuerdos del imperialismo
con los burócratas del Kremlin en las
conferencias de Yalta y Postdam.
París
y Praga no sólo socavaron la "coexistencia
pacífica" de los burócratas
y explotadores sino que también liquidaron
de un plumazo la concepción prevaleciente
entonces sobre el irremediable "aburguesamiento"
del proletariado. En el '68, la especie de
una quiebra definitiva en las posibilidades
históricas de la clase obrera mundial
sufrió un revés que modificaría
la línea de acción del imperialismo
mundial en las décadas subsiguientes.
El ciclo de revoluciones que inicia el '68
recién se cerrará con las derrotas
de la revolución portuguesa en 1975,
y de la sandinista y la de Polonia, a principios
de los '80.
El
‘68 vino a demostrar el carácter mundial
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