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Elaborado por Equipo Cuarenta Aniversario
  • Punto de viraje.

Equipo Cuarenta Aniversario

La burguesía contraataca
El 29 de mayo, medio millón de manifestantes ocupan nuevamente las calles de Paris. La convocatoria es de la CGT, luego del rechazo a los acuerdos planteados entre la propia burocracia sindical y el gobierno. Ahora no sólo se grita contra De Gaulle, crece la consigna "por un gobierno popular". La huelga general alcanza su pico máximo.

Ese mismo día 29 la crisis “por arriba” toma su forma más extrema. A la mañana estaba convocada una reunión extraordinaria del consejo de ministros. Se anuncia su levantamiento. Se dice que De Gaulle partirá hacia su residencia en el interior del país, pero  los medios informan que nadie sabía dónde estaba. Recién al comenzar la noche, el presidente es localizado en su casa. El clima es de confusión. En los mentideros de la burguesía se habla de vacío de poder. La tensión aumenta al comenzar el día siguiente. Se extiende el rumor de que el Presidente expuso la necesidad de un golpe de Estado en una cita sigilosa con los jefes del Ejército, que había concretado en un cuartel de tropas francesas en la ciudad alemana de Baden Baden.

En esa atmósfera de incertidumbre, De Gaulle habla por radio y televisión en la tarde del día 30: “He tomado una decisión – afirma de entrada–  no voy a renunciar y cumpliré con mi mandato”. El referéndum anunciado seis días antes queda suspendido porque no hay “condiciones materiales” para ponerlo en práctica. La decisión ahora es otra: se disolverá el parlamento (la Asamblea Nacional) y se convocará a nuevas elecciones. Se pretende que la izquierda se empeñe en garantizar las “condiciones materiales” para que el pueblo vote; o sea, terminar con la huelga. Pero también hay un “plan B”, explicó: “Si esta situación de fuerza se mantiene, para mantener la República y de acuerdo con la Constitución tendré que tomar medidas distintas a un inmediato voto popular”.

Operativo contraataque
La diferencia con el discurso del 24 – cuando De Gaulle anunció el nonato referendo–  es notoria. El rescate plebiscitario de un bonapartismo en decadencia da paso a una salida parlamentaria. A cambio de echar atrás la huelga, la izquierda podrá hacer su camino en la “institucionalidad”. El alto mando militar obligó a De Gaulle a sacrificar un golpe en beneficio propio. Los uniformados exigieron la libertad de los jefes de la derecha militar, encarcelados por atentados y tentativas de golpe algunos años atrás, en ocasión de la crisis generada por la decisión de De Gaulle de conceder la independencia a Argelia.

El operativo fue puesto en marcha de manera inmediata: las fuerzas de “seguridad” tomaron algunas refinerías paralizadas y se dispuso normalizar el suministro de combustible; los medios de comunicación lanzaron una enorme campaña en favor de la nueva línea oficial de defensa de la “democracia”. Como parte de la maniobra, el gobierno ofrece más concesiones a los gremios ferroviarios y del transporte. El mismo 30, por la tarde, se manifiestan en el centro de París los que apoyan al gobierno. Al llamado responden centenares de miles de personas: es la Francia “bien pensante”, acomodada, pequeño burguesa y no tan pequeña. “El comunismo no pasará”, dicen algunas pancartas. Se canta la Marsellesa y se reclama el apoyo al régimen. La situación se repite en algunas ciudades de provincia. Algunos piquetes de huelga son atacados por fuerzas policiales o “comités cívicos”.

Son aún sólo escaramuzas, porque la huelga general todavía se mantiene firme por todas partes. El llamado a ganar las calles de los gaullistas no es enfrentado por los sindicatos ni por el PC. El jefe del bloque comunista en la Asamblea Nacional, ese mismo día 30, dice que “los trabajadores, seguros de su fuerza, continuarán defendiendo las reivindicaciones por las cuales están en huelga... (y) participarán en conjunto, con más fuerza y confianza, en la campaña electoral para terminar con el poder gaullista”. Un poco más tarde, el buró político del PC señala que el partido “irá a las elecciones para exponer su programa de progreso social, de paz y de unión de todas las fuerzas democráticas”. La alternativa para la mayor huelga política de masas de la historia del proletariado europeo, según el PC, es “dictadura gaullista o democracia”. Garantizar “las condiciones materiales” de las elecciones es ahora el “programa común” no escrito de quienes se enfrentan violentamente de palabra pero se afanan en mantener el régimen burgués en pie.

Zanahoria y palos
Las direcciones sindicales culminan su tarea. Se empeñaron en no bajarse del barco ni abandonar la ola ascendente del movimiento para renovar siempre su intento de echar la huelga general atrás. Después del rechazo a los acuerdos de Grennelle y con la situación abierta por el nuevo planteo gaullista, la línea ahora es: nada de negociación de conjunto, separar las reivindicaciones por sector, negociar por rama, región o fábrica y preparar las condiciones para un “exitoso retorno al trabajo”, título literal de una edición del diario del PC de esos primeros días de junio. En lugar de centralizar a la clase obrera, atomizarla. El contraaque oficial estaba en marcha, la dislocación de la huelga también. No será una tarea sencilla y no faltará la represión abierta contra los huelguistas. El 31 de mayom la prensa francesa (Les Echos) pintaba el país de esta manera: “Las huelgas y las ocupaciones de fábricas prosiguen... salvo algunos casos excepcionales no hay hasta el momento un retorno importante al trabajo”. Entonces comenzará el desarme progresivo y será una mezcla de zanahoria y palos.

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  • La huelga general en su apogeo

Equipo Cuarenta Aniversario

La cuestión del poder
Mientras los manifestantes se lanzan a las calles de París el 24 de mayo, el presidente De Gaulle, con Francia completamente paralizada, se dirige por radio y televisión a todo el país. Reconoce lo que llama genéricamente la "demanda de cambios" que se expresa en la huelga general, pero no se refiere a ninguna reivindicación concreta. Convoca, en cambio, a renovar el mandato del gobierno mediante un referéndum. Suena a burla y a una especie de ultimatum. Por eso mismo exaspera a todo el mundo. En las manifestaciones convocadas para ese día por la CGT y por la Unef, la respuesta al discurso es inmediata: "Fuera De Gaulle".

El clima es de extrema tensión: la manifestación avanza y encuentra una feroz represión policial. Otra vez las barricadas: los manifestantes muestran una tenaz combatividad. Como el 10 de febrero, la pelea por la calle es tenaz y violenta. París, luego de casi quince días de huelga, está irreconocible; los edificios públicos se encuentran en estado de semiabandono. La segunda noche, las manifestaciones se extienden a otras grandes ciudades del país. También los obreros agrícolas se incorporan a la huelga. Nos encontramos en el punto más alto de la movilización. La burguesía se encuentra confundida. Luego del 24 delibera sobre las alternativas posibles, sin descartar la eventualidad de una salida militar. Para ganar tiempo, lanza un llamado a la "negociación".
...¿y ahora?

En la mañana del 25, se reúnen en París delegados convocados por la vanguardia vinculada con el trotskismo (grupo de Lambert). Bregaban por el frente único de las organizaciones obreras y por la constitución de un comité central nacional de comités de huelga. Consideran que la situación ha dado un salto, que hay otra etapa  abierta. En esta "dependencia" del movimiento de las grandes organizaciones se encuentra también el talón de Aquiles de la movilización revolucionaria, que ingresa en sus días más efervescentes.

El stalinismo había hecho lo imposible por recortar y limitar la huelga, que nunca había decretado. Con el leit motiv de "que las bases decidan" había acompañado la iniciativa de los obreros, buscando mantenerla bajo control. La CGT aceptó la formación de comités de huelga pero en la medida en que se sometieran a la coordinación del viejo aparato. Los mantuvo separados unos de otros en todo lo posible, por fábrica y por región. La propuesta de un comité nacional de huelga le sonaba a provocación. Mientras tanto, la dirección de la CGT buscaba restringir las ocupaciones a un acto menor, enviando a los trabajadores a casa y dejando una suerte de "guardias" bajo control del aparato.

Los trotskistas vinculados con la corriente mandelista, que actuaban en común con el grupo dirigido por el publicitado Conh Bendit, pregonaban la formación de "comités de acción", pero oponían al planteo de poner en pie una organización centralizada de la huelga, la línea de que las empresas ocupadas se pusieran a producir (una "autogestión" generalizada). Queda instalada la vieja consigna de cambiar el mundo sin tomar el poder. La cúpula de la CGT, naturalmente, se oponía a cualquier consigna orientada al derrocamiento del gobierno y se limitaba a presentar reclamos de orden salarial, respecto de la jornada de trabajo, a las condiciones de laborales y al régimen jubilatorio. Cuando el 25 el gobierno acepta "negociar", el stalinismo lo presenta como una victoria.

"Ne signez pas!"
Durante todo el fin de semana del 25 y 26 de mayo se reúnen las organizaciones sindicales, las patronales y el gobierno. Las reuniones dan por resultado los llamados "Acuerdos de Grenelle": se ofrece aumentar el salario mínimo, otorgar aumentos salariales del 7%, reducir la jornada laboral para ciertos sectores y pagar los días caídos por la huelga. Se trata de concesiones reales, que no se explican sino por el miedo que provoca la huelga general. Se trata de una pura y simple capitulación de la burocracia.

El lunes 27 a la mañana se juega la carta decisiva: los principales líderes sindicales deciden ir a la principal fábrica, la Renault Billancourt. Su objetivo es hacer aprobar allí los acuerdos. A las 7 de la mañana, ante una multitudinaria asamblea obrera, los dirigentes sindicales más importantes del stalinismo, Georges Séguy y Benoît Frachon, se dirigen a la multitud, explicando los acuerdos. La respuesta es unánime: "ne signez pas! ne signez pas!" ("¡no firmen!"). Lo mismo sucede en otras grandes plantas, como Citroën, Berliet, Rhodiaceta, Sud

Aviation.
La huelga general se fortalece: miles de obreros se reúnen en sus lugares de trabajo, discuten, denuncian los acuerdos, exigen que sean rechazados. Una vez más, el stalinismo comprende que debe acomodarse a la nueva situación. Unas horas después de la asamblea en la Renault, la CGT indica a su comisión negociadora que no firme el acuerdo de Grenelle.

La tensión del Mayo Francés llega entonces a su punto máximo. La burguesía de la ‘sociedad de la abundancia' considera imposible satisfacer demandas sociales elementales. Queda formulada una cuestión de crisis de poder. Del referéndum planteado días antes por De Gaulle ya no se habla. La prensa hace hincapié en la "anarquía reinante" y en el "vacío de poder": Pierre Mendès-France, vieja figura de la burguesía liberal y ex primer ministro, ensaya presentarse como la única salida. El secretario general del PCF, Waldeck Rochet, le pide una reunión para fijar las condiciones de "un reemplazo del poder gaullista por un gobierno popular de unión democrática con la participación comunista".

Todo el mundo delibera, la crisis de poder se agudiza: el 29 de mayo Le Monde sostiene que "no se ve otra salida más que la renuncia del jefe de Estado". Le Figaro constata que "la situación se agrava de hora a hora", y reclama "la formación de un gobierno de amplia unión nacional". El régimen tambalea. El gobierno se guarda una última carta. El presidente anuncia que dará un discurso por radio y televisión el día 30. Mientras tanto, se reúne sigilosamente en Alemania, en un cuartel de tropas francesas, con el alto mando militar: discute la intervención del ejército. Después de preparar todos los recursos, el 30 comenzará la contraofensiva.

Equipo Cuarenta Aniversario


  • “Si alguien habla de revolución… no será un comunista”
    La caracterización del PCF

En su número de junio de 1968, Política Obrera (antecesora del Partido Obrero) reprodujo en su periódico un artículo de The Economist, importante órgano de la burguesía inglesa, que caracterizaba de la siguiente forma el rol jugado por el Partido Comunista en los acontecimientos que tenían lugar en Francia.

"Una revolución moderna ha de coincidir con una situación revolucionaria y un partido u organización dispuesto a tomar el poder. En la Francia paralizada, la situación tiene visos de revolucionaria, pero el partido que siempre enarboló la bandera revolucionaria no da señales de ir a las barricadas.

"Los comunistas se han subido al vagón de los rebeldes, pero lo han hecho para poner los frenos. No es que el Partido Comunista francés quiera mantener en el poder al general De Gaulle y a su régimen, sino que está usando un arma revolucionaria -huelga general e ilimitada- para conseguir un objetivo parlamentario: la formación de un gobierno de frente popular. (...)

"Después de las manifestaciones multitudinarias del lunes anterior, los trabajadores jóvenes de la fábrica Sud-Aviation de Nantes se habían apoderado de los talleres. Pero el movimiento obrerista no alcanzó ímpetu hasta el 16 de mayo, cuando quedaron ocupadas las fábricas de automóviles Renault.

Esta vez, ya no era el París rojo frente a las provincias conservadoras. Las huelgas se extendieron con más rapidez en el oeste de Francia, en donde el descontento entre los trabajadores es más pronunciado. La disparidad no fue geográfica, sino entre generaciones. En todas partes los trabajadores jóvenes tomaron la iniciativa y fueron seguidos por los mayores.

"Una vez más, los comunistas se vieron desbordados por los acontecimientos. Pero esta vez reaccionaron rápidamente. El mayor de los sindicatos franceses, la CGT, dominada por el Partido Comunista, se puso inmediatamente en contacto con el sindicato católico, la CFDT. Luego envió instrucciones a sus militantes para que apoyasen el movimiento, incluidas las ocupaciones de fábricas, pero limitando las demandas a la tradicional fórmula de salarios más elevados, menos horas de trabajo y la abolición de las impopulares ordenanzas sobre seguridad social. (...)

"Cada vez que, en estos días, se oye a alguien en la radio francesa vituperando contra los 'aventureros' puede darse por supuesto que el destinatario de la crítica es Daniel Cohn-Bendit o algún otro estudiante izquierdista. En cambio, ya no es fácil adivinar el color político del atacante: puede ser un gaullista o un comunista. Por otra parte, si alguien habla de revolución, cambios estructurales o 'sociedad socialista', puede darse por supuesto que no será un comunista.


  • Arde París. El Mayo Francés arranca con una gigantesca insurrección juvenil.

Equipo Cuarenta Aniversario

Viernes 3 de mayo, alrededor de las cuatro de la tarde. Importantes contingentes de la policía rodean la Sorbona. En el interior de la vieja universidad, alrededor de 400 militantes estudiantiles, miembros de la UNEF (federación nacional universitaria) y de diversas organizaciones políticas acaban de concretar un acto de protesta contra el cierre de la Facultad de Nanterre1 y contra las amenazas de expulsión a siete de sus compañeros -convocados a "declarar" ante el Consejo de la Universidad, "imputados" por los "desórdenes" que obligaron a aquella clausura. La militancia estudiantil plantea, además, defender la Sorbona contra el ataque anunciado del grupo fascista "Occidente", que había declarado que procedería a "limpiar" el Barrio Latino (sede de la universidad) de los "gusanos bolcheviques". Ante el pedido formal del rector, la policía ingresa en la casa de estudios y rodea a los estudiantes que, en notoria inferioridad de condiciones, no pueden resistir. La policía arresta a los principales cuadros del movimiento estudiantil. Hacia las 19 horas todo parecía acabado. En realidad, era el comienzo de todo.

Así se inició el mes que sacudiría a Francia y al mundo2: en el exterior de la Sorbona se reúnen entonces en grupos dispersos, los estudiantes que habían asistido a la detención de sus dirigentes. De repente, ante el paso de un vehículo policial, un estudiante anónimo grita: "liberen a nuestros compañeros". El grito es retomado, los jóvenes se reagrupan, la consigna no cesa: "liberen a nuestros compañeros". Una manifestación se organiza y la policía trata de dispersarla, algunos adoquines vuelan contra la prepotencia represiva. Rápidamente, los manifestantes son más de dos mil; a los universitarios se suman chicos secundarios, jóvenes trabajadores e incluso transeúntes del Barrio Latino.
En lo alto de la avenida central -el boulevard Saint Michel- un camión blindado de la policía se detiene. Los uniformados descienden para ayudar a un policía que había sido aislado de la tropa por los estudiantes. Ahora, el sonido de la explosión de bombas lacrimógenas es continuo y la atmósfera irrespirable. Una foto en la prensa ilustra mejor que cualquier otra cosa lo que fue esa manifestación: los muchachos se ocupaban de levantar una precaria barricada; bajo el brazo todavía llevaban... sus libros de estudio. Aun con refuerzos y con una violencia cada vez mayor, a la policía no le resulta fácil quebrar la movilización. No es sino a las diez y media de la noche que, según la consagrada fórmula, "el orden es restablecido". Restan centenares de heridos, seiscientos detenidos. El rector de la universidad anuncia que los cursos quedan suspendidos en la Sorbona.3

Un nuevo dato queda instalado en el escenario político: la enorme combatividad de los estudiantes y la juventud que enfrentaron con enorme resolución, y organizándose de improviso, a la represión policial. La Unef convoca a organizar el repudio a la represión policial y al cierre de la Sorbona. En el Congreso de la Unef de Lyon, en julio de 1967, se había aprobado una campaña de manifestaciones en todo el país contra la política educacional del gobierno y los ataques a las conquistas de los trabajadores. En marzo del '68, los militantes del Comité de Enlace de Estudiantes Revolucionarios (lambertismo) enfrentaron, en una asamblea general, la línea de pasividad de la dirección socialdemócrata y del stalinismo. La Unef reacciona a la represión del vienes 3 y llama a la población a participar masivamente en la manifestación que prepara para el lunes 6 de mayo - al mismo tiempo que invita a los sindicatos obreros y de profesores. La gran gesta del '68 estaba en marcha con la consigna "liberen a nuestros compañeros".

A la calle
Los jóvenes se lanzan a la calle desde muy temprano en la mañana de ese lunes 6. Al mediodía son ya más de diez mil. En las calles se delibera y se discute. La organización de los jóvenes maoístas (UJCML) tenía previsto un acto para esa hora: llama a concurrir a los barrios obreros para buscar la solidaridad; no hay que encerrarse, dicen, en el Barrio Latino. Se impone de hecho la línea opuesta y nadie se va: "la Sorbona es nuestra", cantan los estudiantes movilizados en las proximidades del edificio cercado por los uniformados.

Se forma una columna que parte a recorrer en manifestación las calles centrales de la capital francesa y regresa al punto de partida donde se producen los primeros enfrentamientos con la policía: es la primera batalla del día, en la cual los estudiantes harán retroceder muchas veces a la policía. A las seis de la tarde se agrupan ya 30.000 jóvenes y no sólo universitarios: se suman los secundarios, algunos jóvenes obreros y muchachos de los barrios.

El choque con la policía durará hasta la medianoche. Se levantan las primeras barricadas: coches incendiados, adoquines como arma y como parapeto, cadenas de estudiantes que abastecen de adoquines a los tiradores de primera línea... muestran la decisión de lucha. Entre los estudiantes circulan impresos con recomendaciones sobre cómo resistir los gases y métodos para enfrentar a la policía. La combatividad es enorme.4 El balance de esta jornada: 1150 heridos, entre los cuales una parte importante corresponde a los cuerpos represivos (más de trescientos). La situación ya conmueve a Francia entera y en diversas provincias se plantean manifestaciones y enfrentamientos semejantes a los de París. No es sólo la continuación de lo acontecido el viernes 3 cuando, por primera vez los estudiantes toman las calles de la capital. Ahora mantienen sus posiciones: "ya no es la reacci ón a las disposiciones represivas de la policía, es el comienzo de una contraofensiva", afirma un dirigente del lambertismo.5

Al día siguiente los estudiantes doblan la apuesta: la Unef y las organizaciones estudiantiles proponen volver a la calle. Ahora son entre 50 y 60.000 los estudiantes que se congregan. De nuevo el objetivo es la Sorbona. El cortejo en marcha alcanza los primeros piquetes de policía, mucho más numerosa que el día anterior. ¿Qué hacer? La gran masa inicia entonces lo que será la "larga marcha": treinta kilómetros recorridos por todo París, atravesando los barrios populares, cruzando los puentes del Sena y desembocando en la más simbólica de las avenidas burguesas de Francia: los Campos Elíseos. La Internacional resonará con vigor en el mundialmente conocido Arco de Triunfo.6

Stalinismo, impasse
La novedad ahora es que los aparatos sindicales, en primerísimo lugar la CGT (Confederación General del Trabajo), dirigida por el stalinismo, intentan intervenir. Hasta el momento habían ignorado la movilización estudiantil. Un famoso artículo del secretario general del PC, aparecido el mismísimo 3 de mayo, repudiaba al movimiento estudiantil iniciado en Nanterre con la excusa de que con sus "provocaciones" había llevado al cierre de la Universidad, dirigido por "falsos revolucionarios que hay que desenmascarar ya que, objetivamente, están sirviendo a los intereses del poder gaullista y de los grandes monopolios capitalistas".7 Pero el PC se reorienta y pasa a denunciar la represión y a proclamar la solidaridad con los estudiantes movilizados. Sin embargo, su propósito de buscar una brecha para encaramarse sobre la ascendente movilización, en la tentativa de quebrarla desde adentro, fracasará.
El 8 de mayo, por convocatoria de la Unef, se reúnen en un acto común dirigentes de la CGT y otras organizaciones sindicales. La proclamada solidaridad es nada más que de palabra, no compromete ninguna acción concreta. En la manifestación que sigue al acto, el aparato de "seguridad" del PC asume el control y se interpone entre los estudiantes y la policía a fin de evitar cualquier incidente. Los diarios del día siguiente destacarán el hecho: el PC se presenta ante el poder como un factor de control para negociar una salida, marginando a la vanguardia estudiantil radicalizada. El gobierno aprovecha para anunciar que la Sorbona no se reabrirá hasta que cese la agitación estudiantil.

El movimiento parece ingresar en una impasse. El 9 de mayo es un día sin grandes acontecimientos. Todo el activismo discute cómo seguir, mientras no cede el cerrojo de los represores sobre la Sorbona. En un acto convocado ese día por la JCR, trotskistas "mandelistas",8 el líder "anarquista" más reconocido, Daniel Cohn Bendit, llama a mantener la presión con las movilizaciones callejeras. Bendit, desde el principio, había repudiado cualquier tentativa de acción común con las organizaciones sindicales. Los trotskistas "lambertistas" que acaban de fundar la Federación de Estudiantes Revolucionarios (FER) critican el planteo y lanzan la consigna de 500.000 trabajadores y estudiantes en el Barrio Latino, por un frente de las organizaciones obreras y estudiantiles para derrotar a la represión.

La noche de las barricadas
El 10 de mayo es el punto culminante de la primera fase del Mayo Francés. Es la noche de las barricadas, cuando la heroica resistencia de los estudiantes que toman el Barrio Latino se transforma en el punto de partida de una nueva etapa de la movilización, que involucrará al proletariado francés en su conjunto. Desde la tarde, los estudiantes vuelven a concentrarse. Otra vez, comienzan a marchar decenas de miles. La novedad es la enorme masa de secundarios que se integra en la multitud. La policía bloquea a los manifestantes el cruce de los puentes hacia el centro de la ciudad y custodia la Sorbona. Otra vez, ¿qué hacer? "La policía no ataca. La indecisión reinante en la manifestación se convierte de golpe en una decisión concreta: si no se puede retomar la Sorbona, se ocupará el Barrio Latino; si la policía rodea a la Sorbona, la manifestación rodeará a la policía".9 Los estudiantes se lanzan a la ocupación general del Barrio Latino y son más de 30.000 los que en la noche organizan barricadas y se pertrechan en las calles.

La FER concluye a medianoche un acto convocado días antes: hacia las doce de la noche y, marchando con 1.500 compañeros, se dirige al Barrio Latino. Es para expresar que consideran una aventura la ocupación. Llevan una gran pancarta que insiste: la tarea es militar por reunir medio millón de manifestantes en el Barrio Latino, para que quebrar así el operativo represivo. Transformarán este planteo en un ultimátum y acaban por replegarse. Luego de llamar a no confundir a las organizaciones sindicales con sus aparatos dirigentes, planteando la acción común de trabajadores y estudiantes, confunden el impulso masivo de la juventud radicalizada con la falta de perspectiva y la política aventurera de los líderes estudiantiles más reconocidos. Se retiran del Barrio Latino cuando la gran batalla está por comenzar y el Mayo Francés ingresa en una nueva etapa.

"A las 2:15 de la madrugada, un cohete luminoso da la señal de ataque y la masa de policías concentrados se lanzan a la conquista de las barricadas. Cascos, escudos, fusiles, porras, granadas lacrimógenas, una masa azul y negra que desencadena su brutalidad... La virulencia del ataque no tiene punto de comparación en la historia de la Francia contemporánea. Pero la resistencia es muy superior a la esperada. Cada barricada va a representar un auténtico combate. Varias veces van a intentar ocuparlas y varias veces van a ser rechazados... Los heridos van a abundar por ambas partes. Incendios de automóviles, gases y bombas de humo, ulular de sirenas, ambulancias, detenidos, aporreados hasta la inconsciencia, la furia desencadenada de la represión... El asalto a una barricada en la que ondea una bandera con el lema: ‘Viva la Comuna del 10 de mayo' reaviva la memoria adormecida, el recuerdo de otras jornadas gloriosas. La solidaridad popular no se hace esperar. Desde esa misma noche, desde las ventanas de los edificios colindantes a las barricadas los vecinos lanzan todo tipo de proyectiles contra la policía, elementos de protección para los manifestantes y dan refugio a los que buscan cobijo... A las seis de la mañana, tras cerca de cuatro horas de combate, los estudiantes se repliegan. La masa azul y negra se ensaña con los últimos rezagados y toma posesión de las barricadas... Efímero y triste triunfo, inútil triunfo que tan sólo durará unas horas más. La crisis política que las barricadas han producido va a obligar al Gobierno a retroceder".10

Equipo Cuarenta Aniversario

1. Ver nota anterior "Abril, de Nanterre a París", en Prensa Obrera Nº 1.033, 17/4/08.
2. El relato de la movilización del 3 de mayo es de Francois De Massot en La Greve General (mai/jun, 1968), Ed. Informations Ouvrieres, París, 1969.
3. La descripción sigue la narración de F. De Massot, op. cit.
4. La narración de esta jornada es de Vidal Villa, José María: Mayo 1968, Ed. Bruguera, Madrid, 1978.
5. De Massot, op cit.,
6. Ver Vidal Villa, op cit.
7. George Marchais en L'Humanité, 3 de mayo 1968.
8. Por el nombre de su dirigente más conocido, Ernst Mandel.
9. Vidal Villa, op. cit.
10. Idem.

 


  • ABRIL, DE NANTERRE A PARIS.

Equipo Cuarenta Aniversario


En las vísperas

La ocupación de las instalaciones de la Universidad de Nanterre, el 22 de marzo de 1968, fue el punto de partida inmediato del Mayo francés.1 En abril, la movilización crecería sistemáticamente y acabaría por desbordar los estrechos límites del suburbio parisino para convertirse en mayo en un levantamiento de la clase obrera y la juventud.

Nanterre era la "punta del iceberg". En numerosas ciudades de Francia, a lo largo de todo el año 1967, el movimiento estudiantil se había manifestado contra los planes limitacionistas del gobierno para la enseñanza superior. En enero de 1968, una movilización en Caen había reunido a miles de jóvenes estudiantes y obreros, en defensa de numerosos conflictos por condiciones de trabajo2. Para el 29 de marzo se convocó en Nanterre una nueva "toma" para discutir los siguientes temas: el capitalismo en el ‘68 y las luchas obreras; la universidad y universidad crítica; la lucha antiimperialista, los países del Este y las luchas obreras y estudiantiles en ellos. "Lo significativo, lo subversivo, era tanto la temática como el método de acción: discusión en pequeños grupos, asambleas generales, boicot a los exámenes parciales y a las clases magistrales. La ocupación de locales, la negación de la autoridad, era algo que la dirección académica de Nanterre no podía permitir. El decano, alegando que ‘un grupo de estudiantes irresponsables desde hace unos días perturban los cursos y los exámenes y practican métodos guerrilleros en la Facultad', decide cerrarla hasta nuevo aviso"3.

Entre el 22 y el 29 de marzo se fueron sumando numerosos estudiantes a los ciento cuarenta y dos firmantes que protagonizaron la primera ocupación. Toda la Facultad estaba implicada, a favor o en contra. Los muros comienzan a hablar: "Profesores, sois viejos, vuestra cultura también"; "El fascismo al basurero de la historia"; "Dejadnos vivir". Panfletos, discusiones, carteles... toda la Facultad en ebullición. Algo nuevo había pasado: "esos estudiantes, que no se adscriben a ninguna organización política conocida, constituyen un elemento explosivo en un medio muy sensible", afirma Le Monde del 30 de marzo. El cierre de la Facultad no impide la celebración del mitin previsto. Su organización es superior a todas las conocidas hasta entonces. Ante la amenaza del grupo fascista "Occident" de atacar la Facultad, se establece un servicio de orden estudiantil de quinientos militantes. El 29 se celebra la asamblea y los días 1 y 2 de abril son jornadas de discusión generalizada en la Facultad. Los "ciento cuarenta y dos" que lanzaron la ocupación 22 de marzo eran ya mil doscientos en el mitin del 2 de abril. Para alivio de las autoridades académicas, las vacaciones de Semana Santa introdujeron un aparente paréntesis en la agitación estudiantil.Pero con la reapertura de las facultades, el 18 de abril, el movimiento retoma toda su fuerza. Cuando el 13 de abril se conoce que el líder de los combativos estudiantes alemanes, Rudy Dutchske, había sufrido un atentado en Berlín, diversas organizaciones políticas y el Movimiento 22 de Marzo llaman a una manifestación de protesta. Unos cinco mil estudiantes siguen la consigna y se produce una manifestación combativa por el centro de Paris, en dirección a la Embajada alemana. El Gobierno, que hasta entonces no había enviado a la policía contra las manifestaciones estudiantiles, ordena cargar. Es el primer choque. La policía podía ser resistida. Poco a poco, esta idea iría recorriendo su camino entre numerosos estudiantes. El ejemplo de la solidaridad con Rudy consolidaría una nueva actitud ante el poder: resistencia y, si es preciso, ataque. Ni las vacaciones, ni la policía, ni el cierre de facultades habían logrado frenar un movimiento estudiantil de tipo nuevo que, desde Nanterre, se iba extendiendo al resto de la Universidad parisina y otros lugares de Francia4.

Una suerte de doble poder estudiantil dominó la deliberación colectiva en Nanterre. El 25 de abril, la juventud del PC -que reclamaba la normalización de las actividades y criticaba a los grupos "ultraizquierdistas"-convoca a un acto para que hable Pierre Juquin, ex profesor y diputado del PC: "no pudo pronunciar ni una palabra y tuvo que escapar por una salida de emergencia", luego de que la sala en la cual se encontraba fuera invadida por activistas y organizaciones estudiantiles maoístas y trotskistas5. Era la primera vez que el stalinismo era puesto a la fuga.

El cuerpo de profesores se dividió entre quienes reclamaban al rector la intervención policial, una minoría que apoyaba a los estudiantes y los elementos vacilantes que pretendían algunas concesiones mínimas para retomar la normalidad de los cursos. Pero las autoridades académicas deciden pasar a la ofensiva: anuncian que ocho estudiantes de Nanterre deben ser juzgados por el ‘Consejo de la Universidad', con la intención de expulsarlos. Se fija la fecha: 6 de mayo de 1968. Pero antes, el 2 de mayo, los estudiantes habían convocado a una "jornada antiimperialista" y organizan la seguridad, colocando las instalaciones bajo su propio control. A las 8 de la noche, el rector de Nanterre anuncia que la universidad cierra hasta nuevo aviso. Nanterre es un hervidero de estudiantes, se discuten nuevas iniciativas y se crean comisiones para organizar la solidaridad con Nanterre: "su primer objetivo, los obreros inmigrados que habitan en los suburbios próximos a la universidad. El movimiento empieza a salir de su cascarón. La lucha en la Facultad empieza a ganar la calle. Hay que trasladarla a Paris. Unánimemente se convoca un mitin de protesta contra el cierre de Nanterre, en la Sorbona, en pleno Barrio Latino, a las doce horas del día siguiente: el 3 de mayo..."6.

Allí comenzará entonces otra historia.

1. Revista La Verité, Nº 543, Paris, abril 1969.
2. Ver "Así arrancó..." en Prensa Obrera Nº 1030, 27/3/2008
3. José Vidal Villa; Mayo 1968, Ed. Bruguera, Madrid, 1978.
4. Idem anterior.
5. Crouzet, Francois, "A University Besieged: Nanterre 1967 -1969", Political Science Quarterly, vol 84, Nº 2 junio 1969.
6. José Vidal Villa, Op. cit.


  • El trotskismo en el movimiento estudiantil

José Vidal Villa; "Mayo 1968", Ed. Bruguera, Madrid, 1978

Según un cronista de la época
"Fruto de la crisis del PCF, reflejo de la desestalinización y de la inoperancia revolucionaria de los diversos partidos comunistas occidentales, los núcleos trotskistas minoritarios que habían mantenido viva la IV Internacional (...) van a ver revitalizadas sus correspondientes secciones con la afluencia masiva de jóvenes estudiantes, con un grado de combatividad elevado y una disposición a la acción muy superior a la de sus homólogos ‘comunistas' ortodoxos.

Así, en 1961 aparece el Comité de Enlace de los Estudiantes Revolucionarios (CLER, por su sigla en francés), organización trotskista de la rama lambertista, ligada a la Organisation Communiste Internationaliste (OCI), sección adulta de este grupo. El CLER, tras una vida relativamente modesta, alcanza un amplio desarrollo en 1967/68, llegando a poseer en dicho año cerca de 11.000 militantes. En abril de 1968, el CLER se transforma en Federación de Estudiantes Revolucionarios (FER) y con tales siglas intervendrá en los sucesos de mayo. A través de su órgano de prensa, Revoltes, los militantes del CLER se esfuerzan por realizar movilizaciones centrales de la juventud, desarrollar la lucha reivindicativa estudiantil y criticar la traición de los dirigentes y burócratas del PCF. En política internacional critican tanto a chinos como a soviéticos -por estalinistas- así como a los tercermundistas (el ‘Che' Guevara o el FNL de Vietnam son pequeñoburgueses). Su punto de referencia principal es el Programa de Transición de Trotsky y su centro privilegiado de actuación la Union Nationale des Etudiants de France (UNEF), el sindicato estudiantil.

"Con mayor vitalidad que el CLER y con una política marcadamente antiimperialista, la Jeunesse Communiste Revolutionnaire (JCR, Juventud Comunista Revolucionaria), surgida de una escisión en la Union des Etudiants Communistes (UEC, Unión de Estudiantes Comunistas) del PCF en 1966, y encabezada por Alain Krivine, Issy Joshua, Henri Weber y Daniel Bensaid, se entronca con otra ala del trotskismo -Frank y el Parti Communiste Internationaliste (PCI, Partido Comunista Internacionalista)- y tienen entre sus apoyos principales a la figura del comunista revolucionario belga Ernest Mandel. La JCR anima la lucha antiimperialista a través de la acción de los Comites Vietnam National y ha logrado dar una imagen nueva a las movilizaciones estudiantiles, pasando del enfrentamiento verbal con la burguesía y las burocracias, a la acción directa y la puesta en práctica de nuevos métodos de lucha.

En el terreno internacional, la JCR apoya sin vacilar la lucha de los pueblos por su liberación y critica la burocratización de los regímenes tanto chino como soviético. Asimismo, toma parte en la conferencia de Bruselas, el 11 y 12 de marzo de 1967, donde se reúnen organizaciones revolucionarias de todo el mundo, tales como el SDS alemán, el colectivo Falce-Martello italiano, la Jeune Garde Socialiste belga y otras, entre ellas los Etudiants Socialistes Unifies (ESU), sección estudiantil del PSU francés, que también participará activamente en las jornadas de mayo (...) Será una de las organizaciones básicas en las jornadas de mayo. Su órgano de prensa es Avantgarde Jeunesse".


  • Lo que queremos a 4 décadas de 1968

Octavio Villarreal

Sin lugar a dudas, uno de los momentos coyunturales en la historia, no solo de la izquierda sino de todo el país, es el Movimiento Estudiantil del 68. Nacido por la represión a dos grupos de estudiantes de enseñanza media, fue tomando poco a poco un carácter más social y político, donde las movilizaciones comenzaron y se acrecentaron, al igual que los medios represivos del estado.

Se creó el Consejo Nacional de Huelga (CNH), que dio lugar a una mayor organización y a la creación de demandas concretas pero diversas como la disolución del cuerpo de granaderos, libertad a los presos políticos, destitución de los líderes policíacos, la indemnización a las víctimas de la represión gubernamental, negativa al aumento de tarifas en servicios básicos y la eliminación de las cláusulas represivas en el Código Penal. Fue un movimiento que se opuso a la intervención de cualquier partido político inherente al estado. El movimiento fue cruelmente reprimido el 2 de octubre de 1968 en la plaza de las 3 culturas en Tlatelolco, debido a que se llegó a un punto en el que las movilizaciones representaban una amenaza para las altas esferas del poder y con ello, sin el discurso y si con hechos, dejaba al descubierto el agotamiento del sistema político mexicano, de partido único, del corporativismo sindical, del presidencialismo, que sin capacidad de renovación, se había alejado del discurso ideológico de la revolución mexicana.

El escenario descrito anteriormente, pone al descubierto que el interés político estaba por encima del interés público, en lo que Roger Chartier1 ha calificado como la representación dominante del poder, ya que hay acciones que originan tensiones diversas en las relaciones existentes entre el marco jurídico normativo frente a las actitudes y/o necesidades sociales generadas entre la población con respecto a la autoridad gubernamental, permitiendo prácticas diversas ante la infracción de la legislación penal vigente, determinando “representaciones dominantes” con significados distintos, encaminadas en este caso, a paliar los efectos de un estado político frágil y sin rumbo, pero con la necesidad de mantener el control político del territorio por encima de la miseria y el caos social.

¿Qué nos dice esto?, en primera que los mecanismos de control del estado se encontraban ante una situación crítica ya que no podían hacer uso de las antiguas prácticas del PRI y su sistema utópico del poder, debido a que no se podía cooptar a los estudiantes en el corporativismo del partido hegemónico, ni podían ser controlados por medio de “placebos” políticos, tales como curules en las cámaras o registro de partido, gracias a que se mantuvo en mayor medida alejado de los partidos políticos burgueses. Sin embargo, al agotarse los medios de control indirectos se tuvo que hacer uso de la represión policiaca y militar (de las cuales en esos tiempos ni ahora se puede hacer una distinción).

A cuatro décadas del 68, se puede hacer un análisis de la situación del movimiento estudiantil hoy en día en comparativa con el 68. Nos encontramos en un momento en el que el gobierno se encuentra extremadamente debilitado, sin capacidad de legitimarse y cuyas políticas económicas han llevado al estado mexicano a una situación de crisis. Ahora se ha lanzado al ejército a las calles militarizando de una manera cínica y grotesca el país, bajo el pretexto de una falsa lucha contra el narcotráfico, donde en realidad el gobierno solo sirve de mediador entre los cárteles de la droga. Los medios, comienzan a transformar a los universitarios conscientes en guerrilleros, narcotraficantes y secuestradores, por el simple hecho de analizar y criticar un sistema que nos ha conducido a la polarización de la riqueza; pretenden que renunciemos a nuestra “naturaleza universitaria” robando nuestro derecho a pensar, criminalizando y asesinando a la juventud. Estamos frente a una situación similar a la de 1968, con la diferencia de que en esos momentos ser universitario representaba para todo estudiante ser crítico de la sociedad y su entorno; ahora vemos que los agentes del poder se encuentran entre los mismos universitarios limitando los medios de expresión y diversificación del conocimiento. No queremos salir a las calles y ser recibidos con balas en el pecho, no queremos ver apilados miles de cadáveres jóvenes en las plazas públicas, no queremos ser desaparecidos, torturados y humillados durante meses en las cárceles llenas de asesinos; queremos un país diferente con una verdadera igualdad de oportunidades en educación, empleo, salud, alimentación y todas las garantías que por el simple hecho de ser seres humanos tenemos.

Debemos aprender del 68 y generar alternativas para poder responder a los medios de represión, integrando el Movimiento Estudiantil a todas las luchas en contra del sistema que se están gestando en el país, creando un frente único que abogue por un nuevo proyecto de nación a partir de las demandas de los sectores más perjudicados de la sociedad, siendo estos los únicos que pueden llevar a buen cauce el destino del país.

Al igual que en 1968, no somos idealistas que persiguen un sueño, somos estudiantes conscientes que luchamos por una realidad.

1. Chartier, Roger, El mundo como representación. Historia cultural: entre práctica y representación, Gedisa, Barcelona, España, 1999, p. 165.

  • 1968: A cuatro décadas de un año revolucionario

"Se trata de saber si la herencia de mayo del ‘68 debe ser perpetuada o si debe ser liquidada de una vez por todas... quiero pasar la página de mayo del ‘68". La afirmación corre por cuenta del derechista Nilolás Sarkozy durante la campaña electoral francesa del año pasado. No está mal como caracterización, en momentos en que cumplimos el 40 aniversario de la revuelta de los obreros y estudiantes que colocó entonces al gobierno francés, liderado por el general De Gaulle, al filo del abismo.

La rebelión "globalizada" 1968 debutó con lo que se conoce como la "ofensiva del Tet", que arrinconó en Vietnam a las tropas invasoras yanquis, asestándoles un golpe decisivo a pesar de su enorme costo en vidas y del fracaso de sus objetivos inmediatos. El impacto fue enorme en el mundo entero pero particularmente en Estados Unidos, donde el movimiento contra la guerra crecía sin cesar. En abril, una masacre contra mujeres y niños en la aldea de My Lai provocó una conmoción planetaria. El Tío Sam fue colocado a la defensiva, el presidente Johnson tuvo que renunciar a su segundo mandato. El régimen político yanqui se sacudió ese mismo año con dos "magnicidios": el de Martin Luther King en abril y el de Robert Kennedy algunos meses más tarde.

En agosto, el centro de los acontecimientos se desplazó de nuevo y violentamente hacia Europa, esta vez al Este. Cinco mil tanques rusos y 200.000 soldados invadían Checoslovaquia para aplastar la llamada "primavera de Praga", un hito clave en las rebeliones que desde hacía más de una década sacudían el territorio dominado por el stalinismo y sus gobiernos títere en Europa Oriental. El proletariado y la juventud de los Estados no capitalistas ocupaban así también un primer plano en la lucha contra el dominio de los usurpadores que decían gobernar en su nombre. Cuando el año de las grandes conmociones se acercaba a su fin, la policía y el ejército mexicano reprimieron a sangre y fuego una concentración estudiantil, asesinando a decenas de compañeros en lo que se conoce como la masacre de Tlatelolco.

Vietnam, el mayo francés, Praga y Tlatelolco son los hitos más destacados pero no los únicos de ese 1968 que también "conmovió al mundo". En las fronteras argentinas el proletariado uruguayo se levantaba contra el gobierno creando una situación revolucionaria. En Bolivia, se desarrollaba la guerrilla de Inti Peredo contra la agónica dictadura del general Barrientos. En Brasil, el estudiantado se levantaba contra su propia dictadura ocupando las calles de San Pablo; en Argentina, debutaban las huelgas que culminarían en el Cordobazo; en El Salvador una huelga general de maestros hacía temblar el país. En Italia, en España, en Inglaterra, en Alemania, en Polonia, en Japón... la revuelta de los estudiantes, las huelgas y la radicalización política trazaban su propio camino. En China, se llegaba al punto más alto de la "revolución cultural". Como se ve, el '68 no fue un "happening" contra la "sociedad de consumo".

Su significado
Las huelgas, las calles y las plazas, los obreros, los estudiantes y la juventud, la guerra de los pueblos oprimidos y las manifestaciones populares en los territorios más distantes se reconocen en el escenario común de una quiebra de los equilibrios políticos y económicos armados al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Por primera vez aparecían en primer plano las masas explotadas en una revuelta "global". Sacudió los pilares del orden trazado a mediados de los años '40 por los acuerdos del imperialismo con los burócratas del Kremlin en las conferencias de Yalta y Postdam.

París y Praga no sólo socavaron la "coexistencia pacífica" de los burócratas y explotadores sino que también liquidaron de un plumazo la concepción prevaleciente entonces sobre el irremediable "aburguesamiento" del proletariado. En el '68, la especie de una quiebra definitiva en las posibilidades históricas de la clase obrera mundial sufrió un revés que modificaría la línea de acción del imperialismo mundial en las décadas subsiguientes. El ciclo de revoluciones que inicia el '68 recién se cerrará con las derrotas de la revolución portuguesa en 1975, y de la sandinista y la de Polonia, a principios de los '80.

El ‘68 vino a demostrar el carácter mundial