| EDITORIAL
El
Chantaje Calderonista
Hace algunas semanas, Felipe Calderón
anunció un crecimiento sostenido
del 9% hacia el 2009, siempre y cuando
sea aprobado todo su paquete económico
que gradualmente está enviando
al parlamento. Esta aseveración
es muy similar al 7% anual ofrecido por
su antecesor, Vicente Fox con el mismo
paquete.
Desde
la reforma a la ley del ISSSTE hasta las
cuestiones penales, laborales y actualmente
energéticas, Calderón ha
desarrollado toda una estrategia económica
y social que según él y
sus asesores de Washington, traerán
grandes beneficios en esos dos rubros.
Aquí vale la pena detenerse y preguntar
¿para quién? Si con la estrategia
impulsada desde el 1° de diciembre
de 2006, Calderón ha trastocado
seriamente la economía y el futuro
de la clase trabajadora y los sectores
más empobrecidos del país.
La
aprobada reforma a la ley del ISSSTE,
que pretende acabar con el régimen
de jubilaciones y pensiones, deja a la
deriva y sin expectativas de un retiro
digno a cientos de miles de trabajadores
actuales y futuros. Es el primer paso
de lo que en materia laboral se pretende
lograr junto con los topes salariales
de miseria, la inmovilidad, la destrucción
de los reductos del sindicalismo combativo
y de los contratos colectivos de trabajo;
es la nueva cultura laboral. A su vez,
la reforma en materia penal que también
ya fue aprobada, garantiza detenciones
arbitrarias y allanamiento de morada si
realizas actividades “sospechosas” según
el criterio de los gobernantes; una soga
en el cuello para los inconformes sociales
con el aval de las podridas instituciones
del Estado. La profundización y
agudización en los últimos
años de la nefasta política
del campo que trae con sigo el TLC, ha
propiciado el abandono aún más
profundo del campo y la migración
de cientos de miles de personas a los
Estados Unidos; una pérdida en
la soberanía alimentaria y una
crisis sin precedentes en el campo que
ataca directamente a la economía
nacional. La reforma en materia energética
que pretende entregarle a las trasnacionales
el negocio de la renta petrolera bajo
el pretexto de la exploración y
explotación de petróleo
en aguas profundas, lesionará fuertemente
la economía pues ahora se compartirá
entre una serie de socios extranjeros,
el negocio petrolero que aporta el 40%
del Producto Interno Bruto; además
de ser la punta de lanza para terminar
de desbaratar PEMEX y el resto de la paraestatales
de la energía como Luz y Fuerza
del Centro y Comisión Federal de
Electricidad que le otorgan una gran cantidad
de recursos a la economía nacional.
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COMPLETO EN PRENSA
INTERNACIONAL
Obama:
En busca del “orden” perdido
Luis
Oviedo-Prensa Obrera.
Barak
Obama no necesitó esperar la Convención
partidaria para ganar la candidatura presidencial
demócrata: derrotó a la
aparentemente imbatible maquinaria electoral
de los Clinton recurriendo a una movilización
política sin precedentes en los
últimos años. Masas de jóvenes
universitarios y de votantes negros se
inscribieron para votar por él
en las elecciones primarias del Partido
Demócrata. La afluencia de votantes
en las internas demócratas duplicó
(y en algunos casos hasta triplicó)
a los votantes de las internas republicanas.
El acto donde se proclamó candidato
reunió 17 mil personas. En el curso
de la campaña, realizó una
docena de actos con 20.000 asistentes
y otras dos docenas en las que participaron
hasta 10.000. En Portland, reunió
75.000 personas.
Candidato
del “establishment”
Obama ha recibido el apoyo de los Zbigniew
Brzezinsky, Dennis Ross, Francis Fukuyama
y Edward Kennedy (recomendamos al lector
buscar estos nombres en internet) y de
los dirigentes del Consejo de Relaciones
Exteriores. Obama es el hombre al que
un sector del imperialismo (y no sólo
en Estados Unidos) asigna la tarea de
superar la crisis del régimen político
creada por el fracaso del gobierno de
Bush y por la propia crisis económica.
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COMPLETO EN PRENSA

El
gobierno y la burocracia desarman la huelga
general
Equipo
Cuarenta Aniversario
El
discurso del presidente De Gaulle, el
jueves 30 de mayo, marcó un punto
de viraje. Expresaba el reagrupamiento
político de la burguesía
en torno a una salida a la crisis revolucionaria
creada por la movilización de los
trabajadores y la juventud. El régimen
convoca a elecciones generales. Se invoca
a la democracia para echar atrás
la acción directa de los explotados.
Como carta de reserva, el ejército
-consultado por De Gaulle- amenazaba con
intervenir. La operación contrataque
requería la colaboración
de las direcciones obreras.
El
gobierno intenta aprovechar el fin de
semana largo – el lunes 3 de junio es
feriado– para negociar contra reloj
con algunos sectores clave. El aparato
de la burocracia stalinista le marca el
paso a la táctica oficial: el sábado
1°, la CGT declara que “en un número
importante de sectores las negociaciones
han concluido con resultados que representan
indudables victorias”. El diario Le Monde
confirma ese mismo día: “las conversaciones
en curso hacen esperar un retorno general
al trabajo para el martes”. El domingo,
un nuevo comunicado de la CGT promete
que “tomará las disposiciones necesarias
para organizar una solidaridad material
masiva con los trabajadores que se vean
obligados a continuar con la huelga...”
(cursivas nuestras). A la presión
de los burócratas se suma el apriete
represivo. Pero, aún con enfrentamientos
menores con las fuerzas “del orden” en
algunas fábricas, las ocupaciones
y los piquetes se mantienen. Todavía
se siente la fuerza de la huelga general.
“Al día siguiente del discurso
de De Gaulle, un editorial de L’Echos
formulaba la pregunta esencial: “¿Quién
puede desmovilizar las fábricas?”
El martes 4 de junio todavía no
hay respuesta.
Los
“sectores estratégicos”
El gobierno comprende que tiene que otorgar
mayores concesiones en algunos sectores
estratégicos del movimiento obrero.
A los ferroviarios les ofrecen pagar íntegramente
los días caídos, un aumento
salarial del 10 por ciento y una reducción
de la jornada laboral. No se establece,
sin embargo, ninguna garantía que
asegure el cumplimiento de las mejoras,
ni se dice una palabra sobre todas las
restantes reivindicaciones de los obreros
en huelga. La burocracia hace votar la
aceptación de las condiciones en
aquellos lugares que controla mejor, más
alejados de la capital y con menor cantidad
de trabajadores. Luego presenta a los
trabajadores más combativos el
hecho consumado del levantamiento. El
6 de junio un comunicado de todas las
centrales sindicales anuncia que “los
ferroviarios han evaluado los aspectos
positivos [de la negociación] y
han decidido democráticamente en
la mayoría de los centros el principio
del retorno al trabajo”.
Otro
sector estratégico es el de los
transportes (autobús, subterráneo)
de la zona de París. La prensa
patronal anuncia día tras día
que es “inminente” el levantamiento del
paro y que hay “serias posibilidades de
una vuelta al trabajo el miércoles
5”. En este caso, las mejoras ofrecidas
por el gobierno son aún más
escasas: un aumento global de salarios
del orden del 12 por ciento y algunas
promesas, sin nada concreto, sobre las
condiciones de trabajo y la jornada laboral.
La burocracia tiene que extremar sus esfuerzos
para hacer pasar este arreglo. Durante
todo el día miércoles, a
pesar de los anuncios periodísticos,
París sigue sin transportes. La
burocracia organiza una votación
“en las bases” cuyos resultados nunca
se hacen públicos. Por la noche
anuncia que ha sido aprobado el levantamiento
de la huelga, sin dar ninguna cifra de
la votación, y llama a los trabajadores
“a levantar la huelga con la misma unidad
que han mostrado en la lucha”. Al día
siguiente ya circulan algunos ramales
y autobuses, pero en varias terminales
los sectores más combativos mantienen
los piquetes y las líneas más
importantes no circulan. Recién
al anochecer del jueves 6 los piquetes
son desalojados por la policía
y los trabajadores del transporte vuelven
a trabajar.
Un
operativo similar tiene lugar contra los
trabajadores del correo. Ya durante el
fin de semana algunas oficinas habían
sido atacadas por la policía y
grupos de derecha. Aunque las negociaciones
estaban en pleno curso, la CGT anuncia
el lunes 3 que se ha obtenido una “gran
victoria” y que se debe organizar la vuelta
al trabajo. Una vez más, los trabajadores
quieren continuar: las reivindicaciones
obtenidas son magras, la mayoría
no son más que promesas. El martes
4 se reúnen los trabajadores de
la región parisina y se vota seguir
con la huelga. Recién al día
siguiente la burocracia consigue amañar
una asamblea que le resulte favorable:
numerosos sectores combativos no tienen
representación. Como los trabajadores
del transporte, los empleados postales
(otro sector “estratégico”) vuelven
al trabajo.
Macartismo
y palos
La CGT nunca había decarado la
huelga general. Para no perder el tren,
había acompañado la ola
ascendente; inclusive cuando los trabajadores
rechazan los acuerdos sellados entre la
cúpula sindical y el gobierno los
días 25 y 26 de mayo. Pero luego
del 30 la situación era otra. Ahora
la burguesía se rearmaba con un
planteamiento de conjunto. El aparato
del PCF, a la cabeza de la CGT, decide
pasar a la ofensiva e inclusive enfrentar
a sus propios militantes, que resisten,
discuten, cuestionan. “Elección
= traición” es la consigna de la
vanguardia más activa. Es lo que
se canta en la manifestación del
sábado 1º de junio. Convocada
por la Unef, la CGT la boicotea. Pero
no son sólo estudiantes los que
se hacen presentes en las calles parisinas;
entre los 40.000 que vuelven a desfilar
en la capital francesa se nota una gran
presencia de la nueva generación
obrera. El stalinismo redobla la ofensiva.
En L’Humanité del 6 de junio se
habla de “exitoso retorno al trabajo”
como una conquista lograda con la “unidad”
y el “entusiasmo” de los trabajadores
junto a sus direcciones. Al mismo tiempo
se multiplican los artículos y
comentarios dirigidos contra los “grupúsculos”,
los “izquierdistas” y los “aventureros”
que se niegan a apoyar la vuelta al trabajo.
“Con frases pseudo-revolucionarias y actos
aventureros, estos grupos llevan en realidad
la batalla, no contra el poder y la patronal,
sino contra los militantes y las organizaciones
que conducen la lucha de los trabajadores”,
dice el diario del Partido Comunista.
La
preocupación casi histérica
por los “izquierdistas” tiene su lógica:
la situación todavía no
está bajo control. Hay que aislar
a los sectores que sigan en lucha, terminar
de desmontar la huelga general. Con sus
artículos de “advertencia”, el
stalinismo prepara el terreno para la
represión gubernamental. Y la represión
no tardará en llegar. El núcleo
de resistencia obrera al levantamiento
de la huelga son los metalúrgicos
de las principales fábricas del
país. Allí se había
iniciado la intervención obrera
en las primeras semanas de mayo; ahora
jugarán un rol protagónico
en los últimos estertores de la
huelga general. En la planta de Renault
en Flins, la burocracia fracasa en su
intento de armar una votación con
urnas para levantar la huelga. El 5 de
junio miles de trabajadores deciden continuar
de paro. La burguesía se alarma:
el fracaso del operativo para levantar
la huelga en las principales plantas automotrices
podría poner en crisis toda la
situación política. Le Figaro
dice que “la CGT está desbordada
por los izquierdistas” y le reclama que
se pronuncie. La respuesta de la burocracia
es un nuevo llamamiento al levantamiento
de la huelga.
En
la noche del 5 al 6 de junio, la policía
ocupa la fábrica: los piquetes
son expulsados los trabajadores brutalmente
reprimidos. El gobierno ha elegido una
fábrica con una gran proporción
de trabajadores inmigrantes, en la que
los sindicatos no responderán con
fuerza. De hecho, la burocracia se limita
a convocar a una manifestación
de protesta a varios kilómetros
del lugar. Sin embargo, se suceden las
manifestaciones de grupos estudiantiles
y obreros en la zona, que se convierte
en un territorio virtualmente militarizado.
El 10 de junio, Gilles Tautain, estudiante
secundario y militante de la organización
maoísta UJCML, muere ahogado tras
ser lanzado al río por la policía.
Es el primer manifestante muerto en todas
las jornadas de lucha realizadas hasta
entonces. La noticia genera un fuerte
impacto y se organizan manifestaciones
de repudio. La federación estudiantil
convoca a una marcha en París para
el día siguiente, mientras el PCF
lamenta la muerte de Tautain pero considera
que la manifestación es una “aventura”
y una “provocación”. El ataque
del stalinismo también se registra
en los hechos: los ferroviarios de la
CGT se niegan a transportar a los manifestantes
de Paris hasta Flins.
El
11 de junio
La planta de Peugeot en la localidad de
Sochaux, cuyos obreros habían decidido
también continuar con la huelga,
es desalojada por la policía en
plena madrugada. Los trabajadores se concentran
en la puerta e intentan reingresar: se
produce un brutal enfrentamiento con la
policía que dura varias horas.
Una vez más corre sangre: dos trabajadores
caen muertos ante la represión
de las fuerzas policiales. La CGT llama
a “reaccionar vigorosamente” y convoca...
a un paro de ... una hora para el día
siguiente. Mientras tanto, en París
la marcha convocada por la Unef para el
11 de junio para repudiar la muerte de
Tautain es reprimida con ferocidad. Hay
1.500 detenidos, cientos de heridos, un
centenar de coches saqueados e incendiados,
varias comisarías atacadas. Al
día siguiente, el nuevo ministro
del Interior, Raymond Marcellin, anuncia
que se prohíbe cualquier manifestación.
El 13 de junio “numerosos militantes son
detenidos, los extranjeros son expulsados
del país, las manifestaciones y
agrupaciones, mitines son prohibidos y
se decreta la disolución de diversas
organizaciones revolucionarias”. Según
el Journel Officiel del 13 de junio, quedan
disueltas la JCR, Voix Ouvrière,
la FER, la OCI y el PCI (trotskistas),
el PCMLF y la UJCML (maoístas)
y el Movimiento 22 de Marzo.
1.Citado
por Francois de Massot, La greve general.
2.2. Citado en Vidal Villa, Mayo 68. |